Valencia era entonces ciudad teatral. Las mejores compañías de comedia revista y zarzuela hacían temporada. Quienes oyeron pro vez primera a Raimon fueron también espectadores de Nuria Espert interpretando El comprador de horas y se fueron con sábanas al Principal a pitorrearse de Doroteo Martí, quien representaba la versión teatral del serial radiofónico Ama Rosa.
El Principal era escenario de grandes revistas como la titulada Tentación cuya figura, María de los Ángeles Santana fue luego la musa de la televisión de Fidel Castro. Pero también había lo que se llamaba alta comedia. Más de una noche el público admiraba, antes de que comenzara la función la belleza de la esposa de José Barberá Armelles, presidente de la Asociación de la Prensa. Era la madre de la alcaldesa actual.
El Apolo compartía revistas con Antonio Garisa y Mary Begoña, por ejemplo. Gran éxito fue la titulada ¡Ay pim pam fuego! con Carmen de Lirio, Alady, Antonio Amaya y Amalia de Isaura. Ésta pasó la Guerra Civil en Valencia en compañía de don Jacinto Benavente y Miguel de Molina. Para el desfile de la tropas vencedoras los vistieron de gala y los colocaron en un palco para dar a entender que habían estado con la República porque no habían tenido otro remedio.
La revista alternó con las compañías de zarzuelas de los barítonos valencianos Antón Navarro y Francisco Bosch. Con el primero cantaba su esposa Pilarín Andrés, quien fue compañera de reparto de Alfredo Kraus en algunas ocasiones.
La zarzuela tenía en Valencia buen acomodo porque en los pueblos, durante el tiempo de Cuaresma, se ponía veda a los espectáculos de variedades, o sea, a Rosita Amores y compañía y se alternaban la comedia con la zarzuela. En comedia triunfaban las compañías de Radio Valencia y Radio Nacional. Amparo Silva esposa que fue de Manuel Dicenta, era figura destacada en los teatros de la Comunidad entonces solamente Región. Pepe Codoñer además de actuar en La Casa de los Obreros impartió enseñanza por escenarios de la provincia. Posteriormente fue actor importante en Madrid.
Manolo Ros, Miguel Rojals, Ana María León, Pilarín Andrés y María Francisca Caballer componían una compañía de zarzuela de gran éxito. La Caballer hizo compaña en América, se quedó en Caracas y allí, además de figura, fue dueña del teatro más importante. En Valencia el maestro Andrés dirigió la carrera de grandes cantantes. Uno de sus discípulos fue Alfredo Kraus, quien hizo el servicio militar en nuestra ciudad y en la despedida, a los soldados que le acompañaron a la estación, antes de que partiera el tren les cantó el Adiós a la vida de Tosca de Puccini.
La Valencia en la que nacía Raimon, había exportado con anterioridad otras figuras de la canción, de otros estilos y de muy distintos compromisos. El eldense Pedrito Rico tuvo grandes éxitos en la América hispana y Carmen Navarro, cantante de Silla, se hizo rica por los mismos escenarios.
El mundo del varieté todavía estaba en manos de Concha Piquer cuya compañía daba vueltas a toda España con su famoso baúl, que ha quedado para el lenguaje popular como la moral del Alcoyano.
En la calle de Ruzafa vivían el teatro de éste nombre, en la misma acera el Eslava y enfrente de éste, el Serrano.
El Ruzafa era casi exclusivo para la revista, aunque también tenía temporadas de variedades. Por su escenario pasaron las grandes vedettes de la época. Amparito Vallcanera, hermana de Ana María Olaria, fue muy apreciada. La valenciana de más éxito fue sin duda Queta Claver y con ellas las hermanas Raquel e Irene Daina. Ésta se casó con el torero Manolo Escudero y se pasó a la comedia.
Años después fue famosa Gracia Imperio quien tuvo dramática muerte. Monique Tihbaut, Amparo de Lerma, Mari Carmen Montes, Trudi Bora, Celia Gámez fueron «esculturales vedettes» que pasaron por su escenario, como los artistas de variedades de la época, entre lo cuales, junto a los consagrados, ya se había hecho hueco en las carteleras El Titi.
Próximo capítulo: Días de café y revista. «Al lado del teatro estaba el café del mismo nombre y en la esquina, el restaurante La Torera. Encima del café había una pensión de precios económicos...»