ENRIQUE AMAT VALENCIA
Lunes, 21 de septiembre de 2009. Plaza de toros de Algemesí. Casi lleno en tarde soleada. Novillos de Salvador Domecq, bien presentados en general y que dieron buen juego. El rejoneador Manuel Lupi, oreja. Miguel Giménez (nazareno y oro), silencio tras aviso y dos orejas. José Arévalo (malva y plata), dos orejas y oreja. Actuó como sobresaliente Manuel Sarrión (grana y oro), atento en la lidia.
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En cierta ocasión el cantante Miguel Bosé fue a ver torear a su ilustre progenitor, Luis Miguel Dominguín en Barcelona, durante la última incursión de éste en los ruedos. Una vez acabada la corrida, y a la pregunta de sobre qué le había parecido su actuación, respondió: "Pienso que mi padre debería ganar menos que los demás toreros que han actuado con él. Porque a él no le cuesta trabajo hacer lo que hace, y a los demás parece que sí"
Y tanto que cuesta trabajo estar en la plaza delante de un toro. Y, mucho más, estar bien con él . La facilidad es una virtud difícil de alcanzar y que requiere un notable aprendizaje de la técnica. Este es el camino a seguir por quienes están en los primeros pasos de la profesión, quienes deben suplir sus carencias a base de entrega y decisión.
Así lo puso de manifiesto el valenciano José Arévalo, quien mostró una plausible actitud de novillero a la antigua. Recibió a sus oponentes en la puerta de chiqueros, lanceó variado, banderilleó en todos los terrenos y sus carencias con la muleta las superó a base de arrestos y un incesante bullir. Se sobrepuso además a una fuerte voltereta.
El también valenciano Miguel Giménez ofreció un corte de torero más pausado, con atisbos de pinturería en dos trabajos más reposados y compuestos, si bien algo encimistas. Mató al cuarto de una gran estocada.
Los novillos de Salvador Domecq, nobles y enclasados aunque algo bajos de raza dieron buen juego y el rejoneador lusitano Manuel Lupi se enfrentó a un desrazado utrero, ante al cual lució por la elegancia, ortodoxia y pureza de su monta.