A. G. VALENCIA
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Con el aroma añejo de los Jocs Florals, bajo la senyera y el retrato del pare Fullana, la Real Acadèmia de Cultura Valencia (RACV) se unió ayer a la conmemoración de los 550 años de la muerte de Ausiàs March. Medio centenar de personas, entre académicos y afines a la institución que presidió Xavier Casp, acudieron a la velada poética en la que se leyeron poemas de March y de varios académicos de la entidad y en la que destacó la ausencia de público joven.
Vicent Simó Santonja, actual decano de la RACV, entidad que rechaza la unidad de la lengua y la normativa oficial del valenciano emanada de la AVL, se refirió a Casp al presentar el acto y utilizar el castellano para hacerlo. Recordó sus palabras al explicar cómo la lengua valenciana del clásico es tan pura que no podía mancillarla con el valenciano de su pueblo.
El castellano estuvo también presente en los poemas que leyeron el novísimo Guillermo Carnero y el catedrático Jaime Siles, dos de las incorporaciones más recientes a la RACV. Fueron poemas propios dedicados específicamente al poeta de la Safor.
La voz de Ausiàs la puso la presidenta de la Casa de Valencia en Barcelona, Dolores Gómez Rubio, que declamó cinco poemas del halconero del Magnànim sin necesidad de leer papel alguno. De su voz se escuchó el famoso verso Bollirà la mar com la cassola al forn.
Por otra parte, Vicente Ramon Calatayud leyó también versos propios y de Voro López-estos sí en valenciano-mientras que Simó Santonja recitó un poema de su pluma titulado La sang del meu esperit és la llengua. Se trata de un texto de batalla, cargado de ideología, con referencias al conflicto lingüístico.
Discrepancias desde la ética
La velada fue una especie de continuación oficiosa del congreso internacional organizado recientemente por la Institució Alfons el Magnànim y de la que Simó Santonja formaba parte del comité organizador junto a miembros de la AVL.
Por ello estuvo presente en el acto el director de esta entidad que pertenece a la Diputación de Valencia, Ricardo Bellveser, lo que supuso, asimismo, la entrada en la sede de la RACV de un miembro de la AVL, algo poco habitual.
"Aunque haya discrepancias, sólo desde el respeto la vida es de consecuencias éticas", comentó de forma críptica el decano de la RACV, Simó Santonja.