ENRIQUE AMAT, VALENCIA
Jueves, 24 de septiembre de 2009. Plaza de toros de Algemesí. Sexta de feria. Casi lleno en tarde soleada. Novillos de Domingo Hernández, bien presentados, mansurrones y parados. El rejoneador Raúl Martín Burgos, oreja. Pablo Lechuga (verde hoja y oro), saludos y saludos. Luis Miguel Casares (púrpura y oro), silencio tras aviso y palmas. Actuó como sobresaliente Manuel Sarrión (grana y oro), oportuno en quites.
Continúa celebrándose la feria taurina de Algemesí. Un ciclo que se vive con intensidad tanto en su singular palenque taurino como en la calle. Exposiciones, coloquios y publicaciones sobre la feria y sus protagonistas. Y con las diversas peñas de la ciudad llenando de colorido tendidos y calles. Entre ellas destaca Kasidebaes, todo un ejemplo de hospitalidad, buen arte culinario y afición a los toros.
Ayer se celebró el sexto festejo de la feria, que contó con la presencia de novillos del hierro de Domingo Hernández. Un encierro sobrado de cuajo y romana, cuyo juego resultó desigual. Noblones, pero parados y muy bajos de raza, no presentaron complicaciones si bien tampoco colaboraron en exceso con la torería andante.
El novillero madrileño Pablo Lechuga se mostró como un torero enterado y con oficio, aunque dijo muy poco en dos labores irrelevantes. Por su parte Luis Miguel Casares, uno de los líderes del escalafón novilleril , mostró su toreo de firmeza de plantas y mano baja, aunque sus dos trabajos no acabaron de tomar vuelo.
Y el rejoneador Martín Burgos lució por sus pares al violín.