ALFONS GARCIA VALENCIA
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El tesoro ibérico de Xàbia, del que destaca una muy trabajada diadema de oro, es una de las joyas del Museo Arqueológico Nacional (MAN). Una pieza clave en su colección de orfebrería junto con el tesoro de Aliseda (Cáceres), aseguró ayer la directora, Rubí Sanz. Entró en la institución en 1905, un año después de ser encontrado de manera fortuita, y nunca ha salido de Madrid. Hasta ahora.
El tesoro de Xàbia es el conjunto estrella de la exposición Oro y plata, lujo y distinción en la Antigüedad hispana, inaugurada ayer en el Museo de Prehistoria de Valencia, en el Centro Cultural La Beneficencia, con patrocinio de la CAM. Permanecerá abierta hasta el 6 de diciembre.
Las reformas en el MAN han propiciado que sus fondos puedan viajar con más facilidad. Valencia es la primera ciudad que acoge esta muestra de orfebrería prerromana, calificada ayer de "excepcional" y "única" por Sanz y la directora del Museo de Prehistoria, Helena Bonet, respectivamente. Lo habitual desde tiempos remotos ha sido fundir el oro y la plata para darles otros usos y, por eso, las piezas de orfebrería de épocas tan antiguas son muy escasas. Ello explica la relevancia de esta exhibición, que representa a a casi la totalidad de la Península Ibérica y que pasará después por otras ciudades españolas.
En total, son 299 objetos, de distintos metales preciosos, datados entre el año 5.000 y el 2.000 antes de Cristo. No hay diferencias entre la finalidad que tenían las joyas en el pasado y presente: como explicó uno de los comisarios, Eduardo Galán, se trata de hacer evidentes las distribuciones sociales. Siempre ha habido clases.
El tesoro de Xàbia, del siglo IV a.C. (segunda Edad del Hierro) se halló en 1904 en una urna de barro y el Estado -escarmentado por lo que años antes había pasado con la Dama de Elx, comprada por el Museo del Louvre de París- lo adquirió. El grueso del conjunto ingresó en el MAN en 1905, aunque en 1940 se le añadió un collar, lo que, según Galán, prueba que estuvo en riesgo de perderse. Hoy se admite que la diadema la fabricó un artesano de origen griego y que formaba parte del ajuar de una mujer de alto rango. La falta de huellas de uso hace pensar también que fue encargada como objeto de prestigio.