ALFONS GARCIA VALENCIA
El Museo del Prado ha dado un paso más en la atribución de El Coloso -lienzo que en el siglo XX se convirtió en una de las obras más populares de Goya- al pintor valenciano Asensio Juliá (1769-1832). Si el informe de enero de 2009 de la jefa de Conservación de Pintura del Siglo XVIII y Goya de la pinacoteca, Manuela Mena, concluía que con los conocimientos actuales la obra sólo se debía identificar como de un "seguidor de Goya", un estudio con el mismo título que el anterior y de la misma autora (publicado en el boletín del museo) reduce las dudas a la cuestión de las posibles iniciales (AJ) descubiertas hace unos años en la esquina inferior izquierda del cuadro. Si se puede determinar que se trata de la firma del artista del Cabanyal, estaremos ante una "obra segura" de este, pintada "con el propósito de imitar" otras del maestro de Fuendetodos, afirma Mena.
El estudio del boletín es una versión más técnica del presentado públicamente a principios de año, sobre el que introduce algunas ampliaciones y precisiones. Así, la experta -referencia internacional sobre Goya, aunque algunos estudiosos han discrepado de sus planteamientos- asegura incluso que el desgaste de la zona de El Coloso donde está la firma pudo ocurrir por la antigua forración del lienzo o -lo que es más llamativo- por "un intento de hacer desaparecer una firma incómoda a partir de 1874, cuando el cuadro se atribuyó a Goya". Hasta ese momento, señala la conservadora, ningún autor había vinculado El Coloso al pintor aragonés.
La experta aporta asimismo, a partir del estudio de los últimos años de vida de Juliá, una teoría sobre la concepción del lienzo. Mena señala que los contratiempos -vivió en una situación penosa- y la falta de aprecio artístico y oficial (fue rechazado como académico de Bellas Artes y como director de Adorno del Estudio de la Merced, y sus ideas liberales fracasaron) tuvieron tal vez "alguna repercusión en su estilo sombrío y en los temas atormentados de su elección", como se ve en El Coloso o en El náufrago. Así, lo considera un antecedente del costumbrismo negro de la generación posterior a 1820, cuando sitúa la obra. Eso sí, Manuela Mena insiste en las diatribas a la calidad de la pieza: su "desmañada técnica" o la "pobre anatomía" de la figura central.