LEVANTE-EMV VALENCIA
En el tribunal superior argentino, un funcionario recién jubilado se resiste a vegetar y decide escribir una novela a partir de un caso de violación y asesinato sin resolver desde hace 25 años. Con El secreto de sus ojos, Juan José Campanella (Buenos Aires, 1959) lleva a la pantalla una historia policial, inspirándose en la obra La pregunta en sus ojos, de Eduardo Sacheri.
El protagonista Benjamín Espósito, interpretado por Ricardo Darín, quiere encontrar al asesino. Conoce al abatido viudo de la joven víctima y le conmueve su dolor. Además, para Espósito será un triunfo personal necesario. Ha tenido una existencia gris y se ha pasado la vida soportando de todo: la monotonía alienante de su trabajo y la arrogancia desconsiderada de sus superiores; algunos jueces se dejaron corromper por la dictadura militar. Desde hace mucho, él calla y reprime inútilmente un amor secreto por inalcanzable.
La búsqueda del culpable será muy difícil, porque los años han borrado todo rastro, pero Espósito cuenta con dos valiosos apoyos. Uno es Pablo Sandoval, interpretado por Guillermo Francella, su compañero de trabajo, que aporta una genial intuición en la investigación, siempre que no se le cruce una inoportuna botella de whisky. También, cuenta con la bella Irene Menéndez, su jefa en el juzgado. Encarnada por Soledad Villamil, la magistrada llegó, gracias a las influencias, cuando era una típica niña de papa, pero el tiempo la ha humanizado. Es una buena compañera excepto cuando se deja arrastrar por el lenguaje tecnicista de su profesión, que puede llegar a condicionar su conducta.
Sin embargo, el anodino Espósito olvida algo: no ha valorado suficientemente los riesgos de reavivar los recuerdos dormidos. Los secretos de su memoria pueden llegar a ser implacables. Él no ha pensado quien puede leer su novela, ni que fuerzas incontenibles pueden ser desatadas por las revelaciones. Para cuando Espósito lo comprenda podría ser demasiado tarde. Nadie puede reescribir la realidad.