Esta mañana mi ordenador no puede entrar en internet. ¡Menudo problema! ¿Qué hago ahora? Tengo que escribir mi columna de mañana (o sea, ésta) y necesito el acceso por si he de hacer alguna consulta a esta suerte de enciclopedia universal, fiable hasta cierto punto, o al diccionario de la RAE, porque del corrector incorporado no me fío en absoluto; y necesito acceder a la red de redes para enviar este articulo al periódico, a la sección Cultura, para que Begoña Jorques me lo coloque donde corresponda.
Bien mirado, esto del internet es cosa reciente, como tantas cuestiones y artilugios. La segunda mitad del siglo XX sirvió para desarrollar la mayor parte de los electrodomésticos cotidianos. Hasta la humilde fregona es de origen reciente. El automóvil, singular en principio, ha llegado a ser mogollón como casi todo lo que nos rodea.
Estos elementos, excelentes cofrades de la sociedad de consumo, contribuyeron a potenciar un capitalismo que siempre anduvo en precario. Porque, ¿cómo podemos pasar sin ellos? La humanidad lo ha hecho durante muchos siglos, pero porque no los conocieron que, si no, se hubieran enganchado como nosotros...
Me dieron plantón en más de una vez. En la era de teléfono celular, la mala educación anula cualquier posibilidad comunicativa: ¿cuesta mucho advertir de la ausencia en el punto y hora fijados? Esto de ir cada uno a lo suyo no lo arregla nadie. El personal es como es.
Pero lo que yo quiero dejar sentado es que la causa de faltar a las citas se halla la mayor parte de las veces en «tener el coche en el taller».«Oye, es que se me presentó una avería y estoy sin coche, ¿sabes?» Ya lo sé, hijo, ya lo sé. Nunca tuve automóvil. Es más: jamás intenté sacarme el carnet (habrá que escribir carné, que la consonante final la pronuncian muy mal la castellanía en general). Y no sé conducir. (Los hay que conducen sin carné, por lo que dicen en la tele).
Sin embargo, he procurado cumplir con mi palabra, acudir a las citas puntualmente. Tanto es así que los que me han tratado dijeron de mí en alguna ocasión: «Lo puntual que es y eso que va sin coche».Como no tengo problema de atascos ni aparcamiento...Confieso que, a fuerza de sufrir retrasos ajenos, de unos años a esta parte, no me preocupo tanto de la puntualidad. Lo que no significa que sea un tardón. Pero, si he quedado a las diez, llegaré a la diez y cinco o diez y diez, pero no a las diez o diez menos cinco.
En fin, no sé para qué os cuento estas cosas. Todo ha venido por no concederme el acceso a internet. La verdad es que pensaba escribir sobre algo cotidiano, de cultura cotidiana. No sé si lo he conseguido...