A. G. VALENCIA
L'alqueria blanca es algo más que una popular serie. Es un enclave de Almassora y no es el único en el territorio valenciano: en Gata de Gorgos están les Alqueries Blanques. Es una de las sorpresas que el lector curioso puede encontrar en el Corpus toponímic valencià, presentado ayer en sociedad por la Acadèmia Valenciana de la Llengua (AVL).
Descrito de manera física, el Corpus son nueve kilos de topónimos "vivos" -en uso-, repartidos en dos poderosos volúmenes, que suman más de 2.000 páginas. Uno los recoge alfabéticamente; el otro, por municipios, y un CD facilita la consulta a través del ordenador. En total, más de 50.000 nombres de lugares valencianos, recogidos por 250 encuestadores (entrevistaron a más de 3.000 personas) en un trabajo que se inició hace quince años.
La Universitat de València puso la primera piedra con el Máster de Toponimia, continuó después la Conselleria de Educación con la recogida de datos y la AVL asumió la tarea tras su constitución en 2001. Quien ha estado en todo este tiempo al lado del proyecto es Aiguesvives Pérez, la coordinadora del Corpus, quien ayer destacó que algunos de los informadores (gente del mundo rural: labradores, cazadores y personal "no contaminado por el catastro", precisó Emili Casanova, presidente de la sección de Onomástica) han desaparecido, lo que evidencia la necesidad del proyecto, pues las maneras de vivir han cambiado y están en peligro los nombres tradicionales. "Nos ha sorprendido la alta pervivencia de los topónimos medievales. Es ahora cuando se están perdiendo", dijo Casanova, en referencia a la transformación del paisaje rural.
Y es sólo "una primera etapa". La AVL cree que llegará a los 100.000 topónimos al acercar más la lupa al territorio.