J. MORÁN OVIEDO
«Tras tres años de investigación es difícil saber quién es Hipatia. Todo lo que sabemos es a través de las cartas de Sinesio de Cirene, en las que se aprecia que sus mejores amigos eran cristianos, que se se empeñó en ocupar un puesto intelectual en la sociedad, que vestía como un filósofo, que se negó a ser bautizada y que murió virgen», asegura el director de Ágora, Alejandro Amenábar.
Con su habitual prosa cincelada, el historiados Edwars Gibbon narra este crimen de la antigüedad: «Cundió entre los cristianos de que la hija de Teón (Hipatia) era quien deshermanaba al prefecto (Orestes) con el arzobispo (Cirilo). Un día aciago de Cuaresma, arrebatan a Hipatia del carruaje, la desnudan, la arrastran a la iglesia y las manos de Pedro el lector y de una gavilla de fanáticos forajidos la atenazan y la descuartizan; raspan la carne de sus huesos con cantos agudos y conchas de ostras y arrojan sus miembros palpitantes a las llamas».
Alejandría, Egipto, año 415 de la Era cristiana. Hipatia, filósofa, matemática, astrónoma, ha sido asesinada por un grupo de monjes cristianos. Escritores de la época o posteriores -Filostorgio, Sócrates el Escolástico, Damascio- relatan el crimen de aquella mujer que en el jardín de su residencia ofrecía lecciones públicas sobre Platón y Aristóteles a una nutrida concurrencia de discípulos. Uno de sus alumnos, futuro obispo cristiano, Sinesio de Cirene, dejará en sus cartas testimonio de ello.
No hay muchos más relatos sobre Hipatia en los textos antiguos, pero en el siglo XVIII será rescatada como docta mártir del paganismo a manos de cristianos. Más adelante, esta pensadora llegará a ser estandarte del feminismo que reivindica la historia de las mujeres. Y en el presente es personaje principal de la película «Ágora», de Alejandro Amenábar, costosa producción de 50 millones de euros que se estrenará el próximo 9 de octubre en las salas españolas.