Miembro desde 1995 de la Academia Alemana de la Lengua y de la Poesía, Müller ha desarrollado también una carrera docente como profesora invitada en varias universidades como Hamburgo, Swansea y Zúrich. "No me lo creo, no me lo puedo creer, no lo merezco. Estoy desbordada, me he quedado muda", declaró tras conocer que había sido distinguida con el premio.
En 1987 la escritora logró abandonar Rumanía y se instaló en Berlín, donde vive y trabaja desde entonces.
El director de la editorial Hanser-el editor, ensayista y poeta Michael Krüger- dijo que con Herta Müller había sido premiada una autora que "veinte años después del fin de la guerra fría insiste en mantener el recuerdo del lado inhumano del comunismo".
"Su gran trabajo de duelo literario es un ejemplo impresionante de una literatura europea comprometida que, con agudeza analítica y precisión poética, hace presente nuestra historia", agregó Krüger.
En su última novela, Atemschaukel, sin ir más lejos cuenta la historia de un chico de 17 años que después de la II Guerra Mundial es llevado por los rusos para ayudar en un campo de trabajo a la reconstrucción de la Unión Soviética. Fue el intento de Müller por desentrañar lo que se escondía detrás del silencio de su madre, y de otros muchos rumanos-alemanes de su generación.