ENRIQUE AMAT VALENCIA
Dos tercios de entrada en tarde soleada y con algo de aire. Toros del Marqués de Domecq, bien presentados, con seriedad y variados pelajes, bajos de raza pero nobles y que dejaron estar. Destacaron por su juego 4º y 5º. Vicente Barrera (grana y oro), silencio, silencio tras aviso y oreja. César Jiménez (tabaco y oro), saludos, oreja tras aviso y silencio. Actuó como sobresaliente David Saleri (caña y oro), lucido en un quite. Entre las cuadrillas saludó tras parear al 1º Carlos Casanova y también anduvieron bien con los palos Domingo Navarro, Antonio Puchol y Manuel Montoya. Luciano Briceño y Antonio Montoliu se lucieron picando. Presidió correctamente Amado Martínez. Pesos de los toros por orden de lidia: 554, 490, 505, 502, 582 y 587 kilos.
??En uno de los pasajes de la célebre zarzuela del maestro Moreno Torroba titulada Luisa Fernanda, en el dueto de la protagonista con su novio, el coronel Javier Moreno, se dice aquello de: "Subir, subir, para luego bajar, la fortuna alcanzar, y volverla a perder"
La plaza de toros de Valencia, en una fecha tan señalada como el 9 de Octubre, fue escenario de una corrida de toros protagonizada por toreros que en su momento estuvieron presentes en todas las ferias, y que ahora tratan de volver al gran circuito y salir de la periferia en la que se encuentran. Tal y como rezan los versos de la citada zarzuela.
Un festejo que, ante la obligada ausencia del anunciado Miguel Tendero, la empresa decidió dejar en un espurio e injustificado mano a mano, en lugar de anunciar un tercer espada. Algunos hubieran merecido esta recompensa.
Para dirimir el improvisado duelo se lidió un encierro del Marqués de Domecq.
Compusieron un lote de astados sobrados de cuajo y plaza, con variados de pelajes. En general resultaron nobles y dejaron estar, a pesar de no mostrarse muy sobrados de casta y raza.
Un gran trapío tuvo el colorado que abrió plaza, serio y bien armado, que blandeó y se desplazó con nobleza aunque un tanto a su aire. Tuvo más fachada que fondo. El vareado segundo también resultó muy desfondado y el tercero, que manseó en varas como los dos primeros, tuvo muy poca raza y claudicó pronto.
Excelente fue el cuarto. Peleó bravamente en el caballo, se fue de largo a los engaños y repitió con tanta codicia como fijeza y tranco. También dio buen juego el quinto, mansón de salida pero desplazándose con buen son y dejando estar, en tanto que el cierra plaza cortó los viajes sin humillar y desentendiéndose.
Vicente Barrera anduvo poco a gusto y escasamente convencido ante sus dos primeros, que le dieron pocas opciones, y muleteó con templanza y limpieza al quinto, en una faena basada en el toreo con la mano derecha.
Al madrileño César Jiménez se le vio motivado y consiguió interesantes momentos en su toreo al natural. Con todo, a sus tres trabajos les sobraron tiempos muertos así como un exceso de ceremonia. Premioso, parsimonioso y compuesto, citó siempre muy fuera de cacho y al hilo del pitón.