LEVANTE-EMV VALENCIA
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El cine social fue ayer el protagonista de la Mostra de Valencia. Lo hizo con Harragas la coproducción de Argelia y Francia que recrea la travesía en patera de un grupo de inmigrantes ilegales hasta la costa española, desde una óptica colectiva y austera, próxima al documental y el filme Ajami. Esta película palestina e israelí narra el cisma entre los dos pueblos aunque no desde el punto de vista de un conflicto entre el bien y el mal sino el de dos puntos de vista.
Merzac Allouache, recordaba su intento en Harragas de abordar el trayecto de la embarcaciones sin profundizar en las "motivaciones personales" que han llevado a los tripulantes a subir a bordo.
La historia comienza en Montaganem, a 200 kilómetros de la costa de Argel, donde Hassan, el dueño de una patera, está organizando un grupo de diez inmigrantes ilegales, cuatro de ellos amigos, para llevarlos a España.
A partir de ahí comienza una "odisea" para llegar a Europa, rodada tras un "intenso" trabajo de investigación a partir de hechos similares reales.
El director rechazó una puesta en escena "grandilocuente" y escogió una óptica "muy próxima al documental" para narrar el trayecto, las relaciones que se establecen durante el mismo, e incluso la "absoluta falta de solidaridad" entre sus tripulantes.
Ajami , de los directores Scandar Copti y Yaron Shani, profundizaron en su intento de mostrar el lado emocional. "Hemos querido que el público se creara una expectativa a través de la narración de un personaje y, al cambiar el punto de vista a través de otro personaje, esas expectativas creadas también cambiaran", destacaron.
Shani agregó que "el que aparece como malo en un principio también puede ser comprendido por el espectador" y resaltó del filme la formación de los actores y actrices que aparecen en la película. Al respecto, Scandar Copti comentó que ninguna de las personas que aparecen en el filme "se habían puesto delante de una cámara en la vida. Hemos optado por este método porque la realidad es más interesante que cualquier ficción. Escogimos a 300 personas e hicimos un taller de diez meses en el que les enseñamos a reaccionar para que se interpretaran ellos mismos".