Palau de la Música
temporada de abono
Músicos: Gidon Kremer (violín), Igudesman&Joo y Kremerata Báltica. Dirección: Gidon Kremer. Palau de la Música, 18 de octubre.
El Palau de la Música no ha inaugurado la temporada 2009-10 con un concierto, sino con un espectáculo musical. Gustó a la mayoría del público que llenaba el aforo de la Iturbi, no a todos. Gidon Kremer lleva ya años derivando hacia, digámoslo suavemente, el culto de su personalidad. En esta nueva visita a Valencia ha venido acompañado no sólo de la orquesta de cámara que forma su nombre a partir de su propio apellido. Junto con el violinista Aleksey Igudesman (nacido en Leningrado, se lee en su currículum) y el pianista Richard Hyung-ki Joo («Es británico, pero parece coreano» es la primera de las bromas incluidas en el suyo), ha concebido un híbrido músico-teatral de inequívoco título: «Ser Gidon Kremer». En la versión inicialmente prevista (la del 6 de agosto pasado) figuraba el brechtiano subtítulo: «Auge y caída del músico clásico». Muy al comienzo de la velada, el violinista «letón-judío-sueco-alemán-ruso-suizo» (misma fuente) se preguntó por el significado de la música.
Si su respuesta se ha de deducir de lo que visto y oído antes y después, no cabe excluir de ella detalles tan aberrantes como, por sólo citar dos entre muchos de la primera parte (El pasado), la sustitución del oboe por el violín en el movimiento lento del Segundo de Rachmaninov o que la «modernización» de Bach pasa por su fusión con el jigg irlandés. Tras el descanso vino El presente, iniciado con la idea de que no es el qué, sino el cómo lo que importa.
La guasa con Schönberg y Berg, sin embargo, no dejaba dudas sobre el fondo de tanto progresismo superficial. La espontaneidad de que presumen se vio desmentida por la falta de reacción ante el móvil de verdad que sonó poco antes de su gag con uno de mentira.
Al final, Kremer manifestó la esperanza de haber hecho algo con sentido y acabó con otra pregunta: «¿No sería un error el mundo sin música?». Sí, evidentemente. Pero por eso lo mejor de la noche fue el Dvorak sin adulteraciones. Para el resto ya están los Luthiers, que tienen mucha más gracia.