Premio Príncipe de Asturias de las Letras

Ismail Kadare : ´La política y los escándalos dan a conocer a un país y no la literatura´

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Kadare, ayer, tras su llegada a Oviedo.
Kadare, ayer, tras su llegada a Oviedo.  efe

El escritor albanés recibe hoy el Asturias en reconocimiento a una obra escrita desde la opresión. Kadare considera que la literatura no ayuda a un lector a descubrir la historia de un país y afirma que no se considera un escritor nacional. Kosovo y el País Vasco no son comparables, dice.

LUIS MUÑIZ PARÍS Usted es el escritor albanés más conocido fuera de su país. ¿Siente que el premio "Príncipe de Asturias" es también un premio a Albania, aislada del resto de Europa durante décadas?
Eso es cosa de los que otorgaron el premio. Si le han concedido la distinción a Kadare o a Albania es una cuestión que ignoro. Es un secreto. En ocasiones, los premios se dan a un autor y no a un país, incluso a veces se dan en contra de un país; pero también es verdad que otras veces se otorgan a los dos, al autor y al país. Depende del jurado.
Pero, esta vez, da la impresión de que el objetivo es premiar a un país, compensarlo por sus muchos años de aislamiento, a través de su escritor más internacional.
Porque Ismaíl Kadare es el escritor albanés más leído.
¿Entonces, no cree que su peso literario le confiere la condición de gran escritor nacional, como Yeats en Irlanda o Borges en Argentina?
No sé qué es eso de escritor nacional. Se ha especulado mucho con ese concepto. A algunos les molesta y a otros no. Pero ¿qué es? Aclaremelo.
En su caso, alguien cuya producción literaria permite a un lector no albanés acceder a la historia de Albania, tener una visión de ella.
Yo no creo que la misión de la literatura sea esa. Puede cumplir ese papel indirectamente, pero su objetivo no es proporcionar al lector un poco de geografía, un poco de historia, unas cuantas curiosidades... No es ése el fin de la literatura, para eso están la política y los escándalos: son esas cosas las que dan a conocer un país, pero no la literatura.
Habla de política. ¿Es cierto que le propusieron ser presidente de Albania?
Es verdad.
¿Cuándo?
La primera vez fue hace diecisiete o dieciocho años; la última, hace dos o tres. Tres veces en total.
¿Por qué no aceptó?
No se necesita una explicación, los políticos están en otro mundo y para mí sería muy difícil adaptarme a él.
Y, perdone que insista, ¿esa proposición que le hicieron tres veces no prueba que Kadare es muy importante para Albania, que la representa?
Sí, por supuesto, pero tampoco es tan raro. En los países balcánicos es casi una tradición que empezó con la invasión otomana. Los escritores, allí, siempre han sido más que escritores. Escribían en idiomas prohibidos. Por eso en los países balcánicos el idioma es más que un idioma, tiene un estatuto superior, es algo sagrado, porque las lenguas autóctonas fueron martirizadas, prohibidas.
¿Piensa que le perjudica haber escrito y publicado bajo la dictadura de Enver Hoxha?
En su profundidad, la literatura es indiferente al régimen político, porque, si no, cae con el régimen, se pierde con él. Precisamente este premio lo he obtenido por los libros que escribí en aquella época. Sin embargo, no creo que la Fundación Príncipe de Asturias tenga ningún aprecio por el comunismo.
No, ninguno, pero lo que le pregunto es si ese perjuicio a su persona o a su literatura procede del exterior. Esa condición, la de haber escrito bajo el régimen de Hoxha, ¿es la que impide que le den el Nobel, pese a figurar cada año entre los favoritos?
Cuando uno es escritor en un país totalitario, hay dos visiones desde el exterior. O bien te consideran un héroe porque escribes en condiciones muy difíciles, o bien te consideran culpable por haber escrito y vivido bajo ese régimen sin que te mataran ni condenaran. A veces lo uno y a veces lo otro.
Y eso es algo que le ha ocurrido, ¿no?
Sí, sí, desde luego. Es una cuestión que ha sido mal entendida por ambas partes, porque la literatura es literatura. Tiene sus propias leyes y hay que juzgarla según esas leyes. No hay que exagerar ni desde un lado ni desde el otro. Criticar a escritores que viven y publican bajo regímenes totalitarios es muy fácil, es una especie de deporte, es como estar en el teatro, como...
Mirar los toros desde la barrera.
Sí, exactamente. Una vez hice una comparación al respecto. Los escritores en los países totalitarios son como los gladiadores que luchan con las fieras, pero no como héroes, sino como hombres condenados a luchar con leones y tigres. Y, encima, la gente que está en la tribuna, el público, hace observaciones: "Este gladiador hizo trampa con el tigre, no fue muy honesto con el tigre". Esas personas tienen compasión del tigre, del león, de las fieras, pero no del hombre.
A veces presenta la crueldad del régimen de Hoxha como algo delirante; por ejemplo, en "Spiritus". Como si la persecución del individuo por el estado totalitario fuera, además de una tortura, un fenómeno paranormal.
Sí, bueno, son las cosas del escritor y su libertad para escribir (risas). Estoy muy orgulloso de Spiritus, porque el relato del que luego salió la novela lo escribí durante el régimen comunista. Lo publiqué, pero cambiando Albania por China, como parte de El Concierto. Y, luego, en los años noventa, escribí Spiritus, ya ambientada en Albania. Ese relato, inserto en El Concierto y que después me da pie para Spiritus, es un suceso real. Abrieron una tumba para extraer un micrófono de un cadáver y el aparato seguía funcionando bajo la tierra.
Pero eso, ¿en la realidad o en la ficción de su novela?
Sí, sí, en la realidad, ocurrió de verdad, no fue un fenómeno paranormal, era algo que se contaba en voz baja.
En su última obra publicada en España, "El accidente", vuelve a usar un esquema de intriga policial. ¿Por qué le gusta tanto? ¿Es un mecanismo narrativo u otra huella de los años de Sigurimi?
El mecanismo policial es inherente a la naturaleza de la literatura. Un obra maestra universal como Edipo, rey es una intriga policial. La mitad de Dostoievski es policial. Muchas de las obras maestras de la literatura mundial tienen ese mismo esquema. Yo lo he utilizado a menudo, en particular en una novela titulada ¿Quién trajo a Doruntina? Así que no, nuevamente se trata de literatura, no es una huella de aquellos años.
Ha publicado narrativa, ensayo, teatro y también poesía, con la que se inició como escritor. ¿Ya no la cultiva, la poesía?
Sí, sí, empecé como poeta y sigo escribiendo poesía.
¿Qué poetas le gustan?
Todo Dante...
¿Eliot?
Me gusta, aunque es un poco cerebral. Tengo un gusto normal, no extravagante, y no voy a hacer como que conozco cosas que usted no conoce para hacerme el interesante.
En cualquier caso, sus novelas tienen una médula casi más poética que narrativa y parece que mucho de lo que cuentan tiene su origen en la poesía tradicional, en las leyendas y cantos del pueblo.
Se dice lo mismo de todos los escritores de los Balcanes. Es una tierra muy épica, muy poética y con una tradición milenaria que no se puede pasar por alto.
En su obra hay muchas exhumaciones de cadáveres y, hasta cierto punto, se puede decir que en ella los muertos de manifiestan.
Los dos mundos están muy próximos en la tradición balcánica desde la antigüedad.
Esa cultura de la muerte es o era, también, muy española, y en un ensayo sobre Esquilo usted establece una comparación en este sentido entre los pueblos balcánicos y los ibéricos.
Sí, y en él propongo una nueva teoría sobre el nacimiento del teatro. El origen no está en el teatro dionisiaco, sino en las ceremonias mortuorias. Esta idea se me ocurrió porque, tradicionalmente, a los familiares de los muertos no les gustaba oírse y verse llorar y contrataban a "lloronas".
El Gobierno español se niega a reconocer la independencia de Kosovo porque piensa que, si lo hace, alentaría las ansias de independencia del País Vasco y Cataluña? ¿Entiende su postura?
Es un error: el asunto de Kosovo y el del País Vasco no son comparables. Me cuesta imaginar que en España haya habido una campaña de terror contra el País Vasco como la que ha habido contra Kosovo, una campaña de exclusiones, torturas, masacres. Entre los serbios y los albaneses de Kosovo hay una historia sangrienta, terrible, que es la vergüenza de Europa. No se puede comparar, no tiene nada que ver.
¿Conoció a Hoxha, estuvo alguna vez con él?
Una sola, durante un par de horas. Me habló de Francia, de la nostalgia de la cultura francesa. Era un comediante, una plañidera (risas).

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