EFE VALLADOLID
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La historia de una portera parisina que, como el erizo, oculta su verdadera forma bajo un manto de púas, envuelve la trama de Le Hérisson, ópera prima de la directora francesa Mona Achache, proyectada hoy dentro de la sección oficial de la 54 Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci).
El erizo (Le Hérisson) es la adaptación de la novela La elegancia del erizo, de la escritora marroquí Muriel Barbery, y supone el debut en el largometraje de la cineasta francesa Mona Anache.
En ella interactúan Paloma -Garance le Guillermic-, una niña huidiza y con una inteligencia superior a lo normal que graba su peculiar cosmovisión con una cámara de vídeo, y Kokuro -Togo Igawa-, un acaudalado anciano japonés que mantiene una especial relación intelectual con Renée -Josiane Balasko-, taciturna y solitaria portera del edificio en el que cohabita esta terna.
Por su parte, el español March Recha, con un alegato contra la depredación de la naturaleza (Petit Indi) compartió ayer con Achache, la primera jornada competitiva dentro del Festival de Valladolid junto al veterano Theo Angelopoulos (El polvo del viento).
El realizador barcelonés Marc Recha lanzó con Petit Indi" el mensaje de una naturaleza al borde de la completa sumisión al desarrollismo y prácticamente en vías de extinción, su sexta película desde El cielo sube (1991) y que han protagonizado Eduardo Noriega, Sergi López, Pere Subirana y Eulàlia Ramón.
Por encima de este experimentado elenco, Recha ha descansado el peso del largometraje y de su denuncia en la figura de Marc Soto, un adolescente que ha debutado en la interpretación con la misión de ser el alter ego del director en una cinta lenta, plagada de simbolismos y con numerosos recursos próximos al experimentalismo.
Todo ello hace de Recha, al margen de tendencias y dictados comerciales, con un sello personal que le identifica en la línea del denominado cine de autor, a partir de obras que no se han desmarcado nunca de esa factura.
Vallbona, un barrio marginal de la Barcelona desarrollista y expansiva, es el escenario de un largometraje cuya idea "parte de una concepción: vivimos el momento que nos toca", y éste es el de la vida al límite de la presión y planificación urbanística que, en el caso de esa barriada, se ve afectada por las vías del AVE.
En medio de ese caos se sitúa el papel de Arnau, igualmente inmerso en un delicado proceso de transformación personal donde no cuenta con la ayuda de sus mayores, por lo que se refugia en la naturaleza y, de forma especial, en los animales para leer y aprender lo que no le enseña su desestructurada familia.