LA GALERÍA DE J. R. SEGUÍ
Tiene entre las manos cuatro películas, dos de ellas casi recién estrenadas, y otras dos a punto de hacerlo. Mucho trabajo para los tiempos que corren. Es usted una afortunada.
O también significa que soy muy trabajadora. Soy afortunada porque no me falta trabajo. Estoy en un buen momento de edad y sin ser una superactriz famosa la gente de la profesión reconoce mi trabajo.
¿Cómo está el cine?
Igual que la sociedad.
¿Y el teatro?
Igual que el cine o un poquito peor. Las series van raqueando, digamos que están a punto de coger la gripe A.
¿Tan mal anda todo o es que también hay crisis de ingenio y gracia?
Sobre todo, lo que anda mal es el teatro. En estos momentos, pocas veces la sociedad se ve reflejada en lo que está pasando arriba del escenario. Estamos utilizando, además, un lenguaje que se ha quedado antiguo y los códigos con los que transmitimos aquello que queremos decir, muchas veces, la gente no los entiende.
¿A qué se refiere?
A que la gente, hoy en día, está acostumbrada a una estética y a un lenguaje muy rápido. En el teatro no se ha conseguido lo mismo. Lo normal es que, si no estás acostumbrado a ver teatro, entres en una función y ...
¿Está planteando una revolución escénica para una disciplina con más de veinte de siglos de vida y siempre en crisis?
No me refiero a copiar códigos de televisión sino a aplicar cambios. En el siglo XIX la forma de hacer teatro era grandilocuente. Había una estética y unas formas. Hoy en día sería impensable. Se cambió y fuimos hacia el naturalismo. Estamos en un momento en que hay que reconocer que existen otras formas de expresión. Actualmente, en teatro los que intervienen en el proceso de trabajo han relegado completamente al actor. Ahora es más importante el director, la escenografía, el diseño de luces, el vestuario...todo antes que el actor.
¿Pero se hace buen teatro? Lo digo porque pertenece a una generación que le tocó renovar la escena en Valencia y no sé si considera que ha sido desaprovechada.
En algunos casos mi generación fue totalmente desaprovechada; en otros tuvieron su momento. Hay casos como el de Antonio Díaz Zamora que ha creado toda una profesión, varias generaciones de actores. Pero no creo que la culpa del resultado final sea nuestra.
¿Entonces, dónde miramos?
La tendencia ha sido ir a hacer un teatro que quizás no deberíamos hacer. Igual toca volver a un escenario vacío con un sólo actor. Nos hemos diversificado tanto que, seguramente, deberíamos volver a los orígenes teniendo siempre en cuenta la sociedad en que vivimos.
¿Y qué pide la sociedad?
Nada. Está anestesiada. Creo que ahí está una parte del problema. Nos sabemos lo que la gente quiere. O si algo quiere es evasión, lo mismo que yo busco.
¿El teatro continúa siendo un reducto, pese al éxito de musicales y comedias vacías?
Es una profesión que es lo que es. No hay que darle más vueltas.
Junto a Teresa Lozano son las dos actrices decanas de la escena local. Todo ello demuestra que, al final, no se ha consolidado una profesión o una generación.
Y si se da cuenta, las dos trabajamos fuera. Cuando comencé en el teatro todos insistíamos en que era el momento de lograr algo para evitar que los actores se fueran de Valencia como ya había ocurrido con otras generaciones. Lo repetimos en los setenta y en los ochenta. Pero sin conseguirlo. Hemos pasado a depender de las administraciones porque son pocos los privados que arriesgan dinero. Pero ya no sólo es montar una obra sino que, además, tu trabajo está en manos de los programadores y no siempre todos ellos están interesados por el teatro, o son muy profesionales en lo suyo. Así que el oficio está cogido por los dos lados.
Es una actriz de muchos papeles y largo recorrido. ¿No haberse encasillado es lo que le ha beneficiado, en contraste con otros actores jóvenes que buscan conseguir un estereotipo que les identifique?
Por supuesto, aunque ahora me apetezca más hacer comedia. Ser camaleónica es una ventaja. Cuando escucho a los actores y actrices hablar de "mi carrera", me pregunto qué carrera. Trabajamos por lo que nos ofrecen. En esta profesión no podemos plantearos una línea de actuación. Lo que sí hago es elegir por producto o por un guión, por simpatía.
Su última etapa es de cine, pero la anterior era de mucha serie: «Aquí no hay quien viva», «Hospital Central», «Les Moreres», «La que se avecina», «Amar en tiempos revueltos»...
Es que llega un momento en que un actor se plantea si vale la pena pasar dos meses ensayando para actuar sólo quince días y después guardar el espectáculo. La profesión debería hacer una reflexión en torno a esta circunstancia. No se trata de pedir subvenciones sino de analizar qué está pasando ¿Dónde está la gente que ha luchado tanto tiempo para reivindicar una normalización teatral?
¿Y qué hacía metida en «Escenas de matrimonio»?
Divertirme mucho porque dentro de la locura que era la serie mi personaje era de los más positivos: soltera, con mucho dinero y cuando le apetecía se buscaba un chulo...( ríe)
¿Qué trabajo de los que ha hecho es el que no olvida?
«Amar en tiempos revueltos».
¿Qué papel soñaba?
Los trágicos. Cuando eres joven y sientes la necesidad de transmitir al mundo la verdad de la vida, entonces eliges los clásicos griegos. Yo quería ser Medea.
¿Y hoy?
Me veo haciendo la Poncia en La Casa de Bernarda Alba.
¿Ha valido la pena?
Por supuesto.