ALFONS GARCIA VALENCIA
Desde 1714 (fin de la Guerra de Sucesión española), el exilio es una nota común en los abundantes conflictos en la Península Ibérica (austracistas, afrancesados, liberalesÉ tuvieron que hacer las maletas en algún momento). Pero el de 1939 es un caso diferente. Fue "el más intenso, numeroso, largo y, en muchos casos, irreversible". Lo afirmó ayer el profesor de la Universitat de Barcelona Pelai Pagès en la conferencia inaugural del congreso histórico de la semana de los Premis Octubre, que organiza la Fundació Ausiàs March (entidad del entorno de Acció Cultural del País Valencià).
El exilio republicano es el protagonista de este encuentro al cumplirse los 70 años del fin de la guerra. El Octubre Centre de Cultura Contemporània fue también sede ayer del comienzo del congreso de medios de comunicación -dedicado a sus vínculos con literatura y cine- y del coloquio de escritores (centrado en la revolución digital).
¿Cuántos se fueron? "Es difícil precisar cifras exactas", dijo Pagès, pero el repaso que realizó de los distintos momentos de la huida sitúa el número en torno al medio millón de refugiados (unos 300.000 regresaron años después).
Pero el exilio no comenzó en 1939 -o a finales de 1938, con la ofensiva final sobre Cataluña-, sino que el historiador cree que hay que retrotraerse a la primavera de 1937, con la marcha de los "niños de la Guerra" para apartarlos de las zonas de contienda. Fueron 33.000 menores enviados al extranjero, de los que la mayoría regresaron antes del fin del conflicto, excepto los 3.000 que fueron a Rusia y los 600 de México.
Estos últimos, llamados los "niños de Morelia" (se asentaron en aquella región) son "los grandes olvidados del exilio infantil de la Guerra Civil", sostuvo Pagès. Fueron protegidos por el presidente Lázaro Cárdenas, pero a partir de 1940 quedaron "abandonados". Incluso cuando al acabar la guerra llegan los nuevos exiliados, "se desentienden de ellos".
El profesor desmitificó en este sentido la importancia del exilio a Hispanoamérica, concentrado al inicio de la II Guerra Mundial y protagonizado por unos cuantos miles de los que habían huido a Francia. Algunas fuentes hablan de más de 20.000 refugiados sólo en México, pero es una cifra "excesiva", en opinión de Pagès.
El gran éxodo republicano se produjo a pie -principalmente- y desde Cataluña. La previsión del Gobierno era de 150.000 personas, entonces se habló de 353.000 y hay coincidencia hoy en que fueron más de 450.000 entre enero y febrero de 1939.
Después vino la huida de Menorca y, en marzo, la de las costas valencianas y murcianas. Fueron entre 10.000 y 15.000 exiliados hacia el norte de África, porque "el mar no se convirtió en una válvula de escape, sino en una barrera natural", ya que faltaron barcos para tanta gente.
Los desterrados mantuvieron su esperanza de volver triunfadores a España hasta 1947. A partir de ahí, "han de repensar la transitoriedad y organizar una nueva vida", dijo Pagès, quien agregó que a este exilio se uniría el de los opositores a Franco durante la dictadura. "Hasta 1977 no hay punto final", sentenció. Y recordó que hasta entrados los 60 quienes volvían tenían que someterse al examen de una comisión.
Torreiro sostiene
que "la crítica de
cine se muere"
Una música de cine acompañó la entrada en la sala del crítico y profesor de la Universidad Carlos III Casimiro (Mirito) Torreiro. Cuando los organizadores lograron apagar -no sin esfuerzos- la banda sonora, comenzó la conferencia, la primera temporalmente de esta edición de los congresos de los Premis Octubre, que van ya por su edición número 38.
"La crítica de cine se muere", sentenció Torreiro, quien argumentó su máxima con la cifra de 31 críticos despedidos en Estados Unidos en poco más de un año. Claro que no siempre es el medio de comunicación el que prescinde del "experto", en algunos casos es la publicación la que cierra. Con lo que el profesor se preguntó si se muere sólo la crítica o también el periodismo.
El especialista, un "vicioso" de la lectura de críticas de cine, explicó que esta disciplina se enfrenta a tres mutaciones: la de los medios de comunicación, la de la industria y la del espectador. Así que ello conduce a "una realidad nueva", en la que el "intermediario" entre el cine y el público ha dejado de ser "una instancia de poder". Entendido en su justo término, como sujeto capaz de influir en los directores.
Hoy, las grandes campañas "desvirtúan" el papel del crítico y le restan poder, dijo; los grandes medios de comunicación "forman parte de conglomerados que con frecuencia tienen intereses en el mundo del cine", lo que también repercute en los "evaluadores", y la emergencia de internet también ha afectado a su función habitual hasta los años ochenta.
Torreiro sacó a relucir un verbo ácido y cargó contra los "blogueros", "onanistas puros y duros", dijo, que sustituyen a los críticos. Tampoco se mordió la lengua al hablar de algún compañero con nombres y apellidos, como Carlos Boyero, al que tachó de ""hooligan" que puede insultar gratuitamente".
Torreiro explicó su abandono del medio de comunicación estatal donde ejerció la crítica durante 18 años por la pérdida del lugar central que ocupaba el cine en la cultura y la consideración de que "cualquiera puede hacer una crítica". "Todas las opiniones no son respetables. Hay que ganarse una "autoritas"". g. valencia