A los oficiales les lustraba botas y zapatos el limpiabotas del pueblo cuya historia relataba. «Yo fui novillero, Serranito III. Una cogida me retiró.» Vivía acogido en el convento de monjas de la localidad y parte de sus ingresos los donaba para su manutención.
El gran personaje fue Francisco Orts, catalán tarraconense, quien atracaba su barca de pesca en Águilas. Él vio caer las bombas. Estaba pescando y se fijó en el lugar de cada una de ellas. Ni siquiera con dos submarinos de bolsillo, uno de ellos llamado Alvin, lograron encontrar la bomba perdida. Paco insistía en que con su barca podía echar las redes y sacarla. No le hacían ni caso hasta que ante la imposibilidad de rescatarla acudieron a pedirle auxilio. Paco resolvió el mayor problema de la VI Flota. Le pagaron bien, pero tiempo después el catedrático de Derecho Internacional Privado Mariano Aguilar Navarro pleiteó y consiguió mayor compensación.
Uno de los pilotos que cayó en la playa fue llevado con el paracaídas de seda a la casa del médico por los primeros habitantes de la localidad que acudieron a auxiliar a los accidentados sin pensar en el peligro que podían correr porque desconocían el poder de las bombas. De haber estallado alguna habría causado la mayor catástrofe de la historia, puesto que poseían potencia nuclear setenta y cinco veces mayor que las de Hiroshima y Nagasaki. El piloto no tenía lesiones graves y en la clínica le quitaron el paracaídas, que dejaron en un rincón. Allí se produjo la única víctima de Vera. El gato se acurrucó para pasar la noche encima del paracaídas y a la mañana siguiente estaba muerto. No se explicaron las razones del deceso, pero las crónicas con este dato fueron censuradas.
El gran espectáculo lo protagonizó el entonces ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga Iribarne, quien junto al embajador de Estados Unidos en Madrid, Angier Bidle Duke, se bañó en la playa de Palomares para mostrar al mundo que no existía contaminación.
El baño tuvo dos efectos inmediatos. De una parte, de popularizó el bañador Meyba y, de otra, se perdió el miedo a comer gambas, manjar que nos servían espléndidamente, y a muy bajo precio, en Garrucha.
Palomares tuvo estrambote grave cuando otro avión de sus fuerzas armadas volaba hacia Granada cargado con vehículos auxiliares para el ejército acampado en Palomares, y se estrelló en el Mulhacén. Nuevas víctimas, nuevo descrédito para Estados Unidos. De esta información lo mejor que sacamos los informadores fue el rico jamón de Capileira, a donde acudimos para contar la segunda desgracia. El alcalde aprovechó para propagar que era mejor que el de Trevélez, que está al lado.
Los periodistas hacíamos guardia en la playa esperando ver si sacaban la bomba perdida. Con prismáticos y teleobjetivos tratábamos de adivinar movimientos y las inmersiones de los submarinos de bolsillo. La Operación Flecha Rota acabó gracias a la colaboración de Paco Orts. El día de Viernes Santo, los informadores fuimos invitados a visitar el buque insignia, el Albany, para ver la famosa bomba y fotografiarla.
En la playa de Vera nos embarcaron en lanchas rápidas. Al comenzar la navegación volví la vista hacia Vera. Por el calvario subía la procesión del silencio. Berlanga puro.