Eliseu Climent

«En Valencia no existe otra solución que batallar»

Editor y secretario general de Acció Cultural del País Valencià. Curtido en miles de batallas sale de una para entrar en otra: una manifestación, una Iniciativa Legislativa Popular pro TV3 o unos Premis Octubre que anoche mismo cerraba. Cree que la izquierda se ha quedado sin discurso, que el país se rompe por Alicante o que Manuel Broseta era la persona escogida para liderar un nuevo modelo social y político. «Somos una sociedad desagradecida y tenemos un país que no está terminado», confiesa.

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«En Valencia no existe otra solución que batallar»
«En Valencia no existe otra solución que batallar» manuel molines

LA GALERÍA DE J. R. SEGUÍ Hace apenas unos días el cineasta Costa-Gavras afirmaba que la izquierda se había quedado sin respuestas ante los desafíos del mundo y, al mismo tiempo, había creado enormes masas de gente decepcionada.
Evidentemente, la izquierda se ha quedado carente de discurso. Vemos como está Francia, Alemania. Lo que me preocupa es saber si el declive de la izquierda lo cubrirán otros sectores o colectivos como los ecologistas, los nacionalistas...
¿Y la decepción de cierto sector de la sociedad valenciana dónde la encontraríamos?
La izquierda no está ofreciendo respuestas. En el caso Gürtel, por ejemplo, la izquierda no ha dado respuesta alguna más allá de la respuesta al mismo caso. Se está creando una situación de desánimo y de desconfianza en los propios políticos, en el propio sistema, lo mismo que ya se vivió en los años treinta. Sé que fue otro momento, pero es un caldo de cultivo para que puedan surgir movimientos populistas. El momento es perfecto: crisis económica más desconfianza en el sistema es igual a Hitler.
Nos dirigimos hacia un cambio de ciclo pero, al mismo tiempo, la sociedad tampoco sabe dónde fijarse.
Sí, la sociedad está totalmente desencantada, los valores han cambiado. Estamos al final del Imperio. Llegué a pensar que esta manera de funcionar era la sombra de Zaplana pero, evidentemente, se ha agudizado con Camps, aunque de manera menos inteligente, porque a Zaplana no lo pillaron. Pero claro, cuando se ve el oasis catalán con los socialistas, los convergentes... la cuestión se complica. El fundamento de los valores catalanes, en este momento, es gravísimo porque todo estaba basado en la cultura de la seriedad, de la austeridad. Y además afecta de forma directa a la propia burguesía, ahí está el caso del Palau de la Música Catalana. La burguesía catalana, en sentido de burguesía catalanista, se acabó hace muchos años.
Usted creció a la sombra de una generación de intelectuales superior a su edad y ahora está en contacto directo con dos generaciones más jóvenes que usted. ¿Qué pasa por sus cabezas?
Generación, por otro lado, que no se ha repetido. Pero ni aquí, ni en Europa. Existe un vacío intelectual entre aquellas generaciones y las actuales. Estamos en lo que hace un momento hablábamos del fin del Imperio. Está muriendo una generación y está naciendo otra movida por las nuevas tecnologías y todavía en periodo de iniciación
¿Responde a falta de liderazgo o es una dispersión de ideas y de objetivos?
Sin duda. Y, por otro, existe otra generación perdida, la intermedia; un eslabón que no se ha sustituido. Pero una generación del todo perdida, no. Entre la juventud existe cierta desorientación. Tiene otros valores como la competitividad o el dinero. Mi generación tenía, al menos, una serie de referentes y unas coordenadas que en nuestro caso eran Fuster o Espriu. Ahora no existe ninguno de ellos y nosotros tampoco tenemos su categoría. La formación política también es muy elemental, muy débil.
¿Son muchas las batallas libradas y apenas las guerras ganadas?
Esa concepción de batallas ganadas y perdidas, de que otro país es posible…Este es un país que chocó en la Transición como dos trenes de mercancías. Se ha dicho que la Batalla de Valencia se perdió, o que se perdieron determinados símbolos, pero aquí lo que sucedió es que el país se vendió.
¿Por culpa de todos?
Bueno, estaban las cúpulas del PP, las del PSOE, más el ejército reserva y, por tanto, se bloqueó ese proceso. Pero si lo miramos desde otra perspectiva, la historia no se hace en dos días. Se bloqueó un proceso, pero de allí nacieron otras conquistas: universidades, escuelas, sindicatos, intelectuales. Por tanto, diría que quedamos en tablas. Visto en perspectiva, y a pesar de lo que parezca, este país no dejó de crecer y hay gente con cierta conciencia en todos los rincones de la geografía.
¿Desde la perspectiva actual qué hubiera sido diferente con una batalla ganada?
Todo. El PSPV no jugó esta carta salvo algunos sectores que acabaron dominados por el propio PSOE. Llegó un momento en el que nos quedamos aquí sin voz. Ernest Lluch pasó al PSPV al PSOE, la Unión Democrática, después de haber perdió veinte millones de pesetas, se disolvió. Por tanto, este país no participó de un Estatut que montaron Alfonso Guerra y Abril Martorell. Los dos lo montaron, los dos lo rebajaron todo lo que tenían que rebajarlo. Después, Alfonso Guerra le dio a Abril Martorell la Unión Naval de Levante cuando perdió la Vicepresidencia del Gobierno....y, por tanto, hay un primer gran freno que es el del Estatut que no asume las reivindicaciones nacionales del fusteranismo.
Aún así, no me ha contestado.
Pues habrían cambiado las relaciones con Cataluña, las conexiones lingüísticas, las conexiones culturales. Ni el PP ni el PSOE han tomado jamás en serio los temas lingüístico, excepto en la Llei d´Us del Valencià que era muy light, aunque estaba. Todos estos líos de filología que tenemos, de homologación de títulos, de requisitos lingüísticos se habrían evitado. Lerma, por ejemplo, no quiso participar en el Any del Tirant. Un país como éste, que teóricamente es pequeño, hubiera tenido otra perspectiva. Pujol, y era mi consejo, no quiso crear la Convergencia Democrática Valenciana. Si lo hubiera hecho, hoy tendría aquí 18 diputados. Siempre hemos tenido que ir en contra.
Sin embargo, cualquier intento que ha existido de crear un partido nacionalista se ha ido al traste.
Es que aquí siempre ha habido algo que trastoca todo y es que la derecha valenciana es tan de derechas que cuando llega la hora de votar es muy dura. La UPV ha dado bandazos de todo tipo y eso es grave: verdes, menos verdes, más centrados, menos centrados. Todo eso a la gente la marea. Tampoco había un liderazgo, algo que siempre es importante. Pero, sobre todo, es el esquema de la derecha valenciana. Si tuviéramos una derecha estilo Vilallonga, Maldonado, Martí Domínguez, posiblemente el nacionalismo tendría lo que normalmente debe tener y un 10% o 15% lo votaría, pero no existe ese partido centrista.
¿Diría hoy de sí mismo que es un superviviente o un resistente?
En cierta medida pueda que lo sea. Tengo 68 años y podría estar jubilado.
Me refiero a que continúa en primera línea. ¿Por qué sigue al pie del cañón?
Aún me preocupa este país. La cuestión es que estoy en esta situación por edad y por historia. Conozco un mundo que para otra gente es complicado. Y, además, aún quedan muchas cosas por hacer.
¿Como qué?
Pues pasar del 10% del 15% de la gente que tiene cierta conciencia a un 20%, y eso necesita de mucho trabajo .
¿A quién le debe algo?
Le debo mucho a Joan Fuster, aunque sea un tópico. Fuster no era el dogmático que ahora, en esta campana de desfusterización nacional nos quieren enseñar. Soy un hombre con suerte que ha podido estar al lado de Fuster, Renau, Sanchis Guarner, Peset,… Soy hijo de toda esa generación.
Y por ello asume el papel de albacea intelectual o formal de esa generación.
Esta casa (en alusión al Octubre Centre de Cultura Contemporània) de alguna manera es la continuación de las ilusiones de todos ellos. Desde ese ángulo, quién iba a hacerlo. Sí, quizás sí mantenga vivas las ilusiones de todos ellos.
Me refería también a que si cuando toma una decisión lo hace pensando en lo que ellos decidirían.
Y lo hago también por convicción. Siempre lo hecho todo con convicción.
Por lo que antes comentaba sobre determinado compromiso cívico, tampoco desde la esfera económica existió una participación decidida en ese proceso de transformación o de consolidar un nacionalismo moderado.
Existía un núcleo: Vilallonga, Reig, Perelló, el Banco Valencia… pero fracasó porque al menos una persona no quiso dar el paso, que era Martín Domínguez y, por tanto, el mundo más de centro derecha fracasó en el inicio de la transición.
¿Pujol se dejaba aconsejar en la intimidad?
Yo lo he hecho en muchas cosas.
¿Como por ejemplo?
A qué conseller de Cultura debía poner. ¿Qué hago a Max Cahner, diputado o conseller? (ríe) Bueno, pero eso era también circunstancial.
Me ha robado el nombre porque iba a preguntarle si se hubiera sentido mejor como consejero de facto o valía más la pena hacerlo desde la sombra.
Prefiero estar en la sombra. Siempre lo he estado. Para mí era perfecta la situación de hace quince o veinte años: Fuster, Sanchis Guarner, Alfaro, Peset, Estellés. Yo hacía mis cosas, Fuster decía que Sanchis Guarner era nuestros pararrayos. Mi vocación nunca ha sido aparecer, aunque he de confesar que me lo ofreció Albiñana. Pero no me veía metido en un despacho.
¿Y usted, que nunca deja de maquinar, cuando se mete en la cama en qué piensa?
Es verdad, no sé desconectar. Es un problema que tengo y grave. Cada noche realizo en mi cabeza una película de lo sucedido.
Algunos dicen que lo que le gusta es batallar y que si se sentara a negociar más a menudo sobre determinadas cuestiones igual las lograría conseguir con mayor facilidad.
Es que en Valencia no hay otra solución que batallar porque la condición valenciana ya me explicará. No querrá que negocie con el señor Font de Mora...Mire, hace año y medio inauguramos los archivos secretos del Vaticano, con Marichalar, el Gobierno italiano, el Vaticano... Llegamos a efectuar una petición a la Diputación de Valencia a través del Dean de la Catedral para poner a dos investigadores que estudiaran todos los documentos. A nadie le interesó. En absoluto tengo problemas de negociar con nadie siempre y cuando vengan a mi terrero. Si el señor Rus quiere, mañana impulsamos el estudio de los archivos del Vaticano.
¿Y no cree, por ejemplo, que en el caso de los repetidores de TV3 con una negociación directa con la Generalitat Valenciana se solucionaría todo rápidamente?
Tresserras—conseller de la Generalitat de Catalunya— ya le dijo a Vicente Rambla que por qué no negociaba con nosotros. Rambla no le contestó. Yo no tengo problemas. De hecho, hablo con el PP de Cataluña, con el de Baleares, hasta con Jaume Matas que ahora está implicado. De todas formas, si sale adelante la Iniciativa Legislativa Popular entraremos en la etapa postautonómica de la lengua y la comunicación.
¿Y en la intimidad tampoco hablaba con Zaplana?
No. Tres veces nos envió Zaplana emisarios de Madrid para que pactáramos algo con respecto al Bloc de Progrés, pero todo el mundo ya estaba implicado y no era cuestión de traicionar a nadie. Nos pidió que cambiásemos de línea. Pero no. Igual me equivoqué porque hay que ver el lío que ha venido después.
¿Con Francisco Camps tampoco ha conseguido una aproximación?
Confiaba que podría ser posible con Camps, pero no ha contestado ninguna de nuestras cartas. Cuando se fue Zaplana todos esperábamos que Camps fuera otra cosa. Confiábamos en la gente liberal, más ligada al país, pero ya ve cómo ha salido.
¿Qué ve al final del túnel?
Creo que desde el punto electoral nada cambiará. Caerá Rambla o no; entrará Rita o no, pero yo ya firmaría para que mis nietos viesen este país sin el PP.
¿Dónde cree que se esconde su poder de seducción?
Tengo muchos enemigos.
Pero es capaz de movilizar a la gente y sacar petróleo de las piedras.
Hay una cuestión fundamental para ilusionar a lo demás y es que tú mismo te lo creas. Y para eso hay que mirar a los ojos. Eso es fundamental, como tener un proyecto que tenga sentido. Nunca pido a nadie más de lo que sé que puede dar.
Y ya que piensa tanto ¿qué tiene en la cabeza que aún no ha podido conseguir?
Hacer un centro como el Octubre en Alicante, aunque es muy complicado. Nuestro problema en este país es Alicante. Representa a un 20% de los habitantes y cada día está más separada, más alejada...Este país se liquida por Alicante y es triste decirlo. Es una asignatura pendiente.
¿De todas las personas que ha conocido y aprovechable quién le ha decepcionado más?
De la gente de la que antes hablábamos, de los grandes personajes, nadie. Aún así, hemos sido una sociedad injusta con todos los prohombres. Es que somos una sociedad muy desagradecida. Este es un país que no está terminado. Además, siempre hemos tenido mala suerte histórica, desde las Germanies al blasquismo. La Iglesia no ha funcionado, la burguesía no ha funcionado. Bueno, no ha existido burguesía, han existido ricos y toda esa estructura europea, que es clave para una ciudad y una sociedad, no ha existido.
Y si echa la vista atrás, ¿cuál sería el momento de mayor duda?
La Transición, la quema de banderas, la bomba a Fuster... Ahora piensas en aquellos momentos y te preguntarías ¿aquí qué hacemos? ... Fuster no murió treinta años después sino que murió el día que le pusieron la bomba.
¿Cómo vivió aquel día Fuster?
Aparentemente escéptico y después se derrumbó. A Fuster lo mataron el día de la bomba. Desde aquel momento dejó de escribir. Recuerdo que me dijo: "yo siempre he escrito, pero me han puesto una bomba y yo en mi vida sólo he hecho que escribir". Fuster era un personaje de gran talla intelectual, pero débil, y aquello le afectó de manera absoluta. Después hicimos la maniobra de que fuera a la Universitat para que viniera a Valencia. Ramón Lapiedra preguntó si en Sueca o en Valencia, y nosotros dijimos, tres días en Valencia. Pero él ya no quería salir de Sueca. El objetivo que tuvo la extrema derecha lo consiguió.
¿Quién podría haber sido el prohombre que se quedó a mitad del camino?
Manuel Broseta era el personaje llamado a liderar este país. El Broseta de los años setenta era la persona escogida. Broseta era todo en este país. Le respetaba todo el mundo. Un día paramos en Alcoi y le conté a Broseta que habíamos hecho un Estatut. Le dije que íbamos a repartirlo por todas las universidades. Aquello fue la ruptura. Y luego fue Lerma quien le dio los votos para que fuera senador.
¿Y cuando Amadeu Fabregat llegó a Televisió Valenciana y dijo que la lengua no se imponía a golpe de martillo?
Fabregat es otro personaje frustrado.
Pero decían que era uno de los intelectuales orgánicos del PSOE.
Pero primero fue nuestro. El Avui le pagaba 20.000 pesetas de la época por cada columnita. Se lo vendimos a Pujol. Amadeu era la gran esperanza, pero se convirtió en el Torquemada judío. Los conversos siempre son los peores. Amadeu es el personaje perfecto para que tú seas rico y él tu vocero. Como en aquel momento vio que las cosas no funcionaban se fue al PSOE e hizo más de lo que pidió el PSOE, pero para tenerlo contento. Y ahora está en Madrid.
¿Superada la batalla de los símbolos y de la lengua qué ha quedado?
Las heridas están ahí. Si el desgaste ha valido la pena es otro tema. Pero entonces era innegociable. En aquel momento con quien se negociaba era con la UCD. Lo hice con Emilio Attard, pero luego organizó el blaverio. Todo se había radicalizado. Con el PSOE nos quedamos marginados. En la época del PP fue aún más complicado, y para el PP que estuviéramos aquí resultaba rentable.

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