SUSANA GOLF
Si le digo lo bruja que es usted ¿la ofendo?
(ríe) No, cada día lo soy más, un brujón. Pero hay quien lo dice como ofensa, depende del tono. Mis amigos varones decían «¿qué diferencia a una hechicera de una bruja?... 25 años de matrimonio».
Eso es un tanto machista.
Muchísimo.
¿Qué es, pues, una bruja?
Una mujer apartada de la comunidad, que vive sola y que con su experiencia demuestra que es posible vivir sin un hombre. Por eso se la demoniza. Actualmente es una mujer con poder y las mujeres con poder están mal vistas. Brujas somos las mujeres que aprendemos a usar ese poder.
Una feminista entonces.
Las brujas son las grandes feministas. Las mujeres con poder en muchos casos no tienen pareja ni hijos, porque es dificil y porque los hombres se asustan de este tipo de mujeres. Hasta en sociedades tan matriarcales como la vasca el poder de la mujer se reduce al ámbito doméstico, no al privado.
¿Las brujas son malas y las hadas buenas?
Una misma bruja puede ser mala o buena. Y las hadas también. Hay una historia balear de un hada madrina que es la suegra malísima. Acaba reventando de rabia.
¿Son historia o leyenda?
Eran reales. Los cuentos tradicionales vienen del romance, del cantar de gesta y éstos de los cantos noticieros y tienen un sustrato histórico. En los cuentos hay mucha verdad.
¿Y son un lenguaje universal?
Hay un cuento de hadas que ha recopilado un autor de Elx y en Marruecos lo encuentras idéntico. Y un cuento sobre monstruos con un solo ojo en la frente que contaba una mujer analfabeta en los años 40 idéntico al personaje de la Odisea. Un cuento que ha traspasado 2.500 años en la tradición oral.
Usted y otros cuentacuentos nadan contracorriente en la era del libro digital.
Los narradores tenemos la cercanía, la mirada, la piel, eso no lo tiene el libro digital.
Dedica un capítulo a las brujas mediterráneas. ¿Cómo andamos los valencianos de brujería?
Valencia tiene un montón de brujas. Encontré un cuento precioso de leyendas valencianas, brujas marineras de Peñíscola. Un pescador cada mañana, al llegar a la playa, encuentra la barca mal atada y las velas tiradas. Se esconde tras un cañaveral y, a medianoche, llega un tropel de mujeres semidesnudas cantando y bailando. Cogen una caña, dicen algo y el barco sale a navegar a toda velocidad hasta otra costa. El pescador coge una caña. Es de Indias. Han ido a América. Por la mañana va a ver a la dueña del hostal, a la que ha reconocido, y le dice que no la delatará si le da el secreto para dominar los vientos. Desde entonces el pescador es el que más pesca de toda Peñíscola.
Tres o cuatro mujeres juntas ¿forman un aquelarre?
Para los hombres, sí (risas). Hay que aislarlas, cortar las redes. El aquelarre es la red, la red de las mujeres son las reuniones de amigas, de primas, de hermanas... Pero no todas las brujas son de aquelarre. Están las brujas donantes, que ayudan al protagonista, y dañantes, que le perjudican, en función de su corazón. Esas viven apartadas y tienen costrumbres raras, como tejer oro o contemplar un estanque toda la noche.
¿El poder de las brujas emana de la naturaleza?
Bruja es una palabra que comparten todas las lenguas peninsulares, sólo cambia en el vasco, pero está en todas las que proceden del latín, del romance. También está en italiano, francés e inglés, en el resto de lenguas europeas no. Es una palabra que nace en un dialecto catalán, occitano y gascón, y se refiere a un fenómeno atmosférico tumultuoso, la fuerza desatada de la naturaleza.
Las brujas que conocen nuestros hijos tienen el sello Disney.
Nada que ver. Dan una imagen estereotipada, el hada es joven, bella y blanca; la bruja mala, vieja, fea y negra. Es sexista y xenófobo incluso, pero más vendible. Existe un Hansel y Gretel español, sólo que se llaman María y Juanito, en Valencia se cuenta. Y una Blancanieves con siete ladrones en lugar de enanos en León. Rapunzel es la «arbolica del arbolar, echa tu cabello y subiré allá». Y Cenicienta y la bella durmiente. Hay en la tradición catalana una Blancanieves que es una niña vampirizada. Las brujas y también las hadas son ancianas con pañuelo y mandil. La diferencia es el nombre. Hada viene de faca, fatum, fali, hablar, el irrevocable poder de la palabra.
Pero en Halloween los niños no se visten de cuélebres o brujas, sino de Freddy Kruger o Chukys.
Halloween es una tradición celta mezclada con marketing y Hollywood. Pero nosotros tenemos nuestras tradiciones, canciones y cantos para esa noche en torno a la muerte, una danza medieval. Creo que cuando pase la moda americana y ese deseo de copiarlo todo, habrá una simbiosis de unas culturas y otras, como ha sido siempre.