ALFONS GARCIA VALENCIA
Al cumplirse los 400 años de la expulsión de los moriscos han prodigado encuentros y demás actos conmemorativos, pero lo peculiar del congreso inaugurado ayer en el rectorado de la Universitat de València es que los promotores son los herederos de aquellas víctimas, las entidades islámicas existentes hoy en la C. Valenciana, surgidas tras el auge de la inmigración desde el Norte de África. Caminos históricos de ida y vuelta.
Que nadie se confunda: las jornadas no tienen como fin celebrar nada -"el cuarto centenario no puede ser una conmemoración", dijo el director general de Relaciones con las Confesiones del Ministerio de Justicia, José María Contreras-, sino propiciar una reflexión a partir de los intereses y la voz principal de los musulmanes. Como la del medievalista de la Universidad de Tetuán Ahmed Tahiri, quien defendió que los moriscos no eran una minoría antes del destierro, sino "toda una sociedad", la representante además del mundo anterior a 1238 y la conquista cristiana de Jaume I.
¿Y el perdón? ¿Deben las autoridades actuales, herederas de las de 1609, realizar un acto de contrición por la expulsión? Este es uno de los aspectos que con frecuencia aparece en los foros de debate, especialmente en los norteafricanos, claro. Para el director general de Inmigración del Consell, Josep Maria Felip, "no hay que pedir perdón por lo que hicieron los antepasados hace 400 años". Lo que hay que hacer en el siglo XXI es, en su opinión, proteger y defender la libertad religiosa, valor que "distingue los pueblos que avanzan de los que retroceden".
"La historia no se recupera, es la que es, y lo que hay que hacer es asimilar los hechos y aprender. Que la religión nunca vuelva a ser un elemento de división", señaló Contreras a Levante-EMV. Sí que se debe reconocer que la expulsión supuso un retraso en muchos ámbitos, apuntó el alto cargo del Gobierno central, pero "no veo la efectividad de cuestiones honoríficas como el perdón".
Si no disculpas formales, los representantes de las entidades islámicas sí que ven conveniente algún gesto. "Más que perdón, sí que estaría bien alguna forma de reconocimiento de aquel hecho. Igual que las personas nos miramos al espejo, las sociedades y las instituciones también deben hacerlo", declaró la presidenta del Centro Cultural Islámico de Valencia, Amparo Sánchez.
Said Ratbi, máximo representante del Consejo islámico Superior de la C. Valenciana, no va tan lejos: "No creo que los gobiernos actuales tengan algo que ver con los de la historia". En su opinión, ya se ha reconocido que fue un error que perjudicó a Valencia.
"Sería un buen gesto", afirmó Tahiri sobre el perdón, pero "es una cuestión política y no la más importante". Lo es más, dijo, que España recupere "el equilibrio" y mire más hacia el Mediterráneo.
"Supuso el final de una época esplendorosa"
¿Por qué se expulsó a los moriscos? Para Josep Maria Felip es "una incógnita aún no resuelta", pues la deportación de más de 100.000 valencianos "significó el final de una época esplendorosa" y las consecuencias se arrastraron durante 150 años. Aunque se suelen aportar razones geoestratégicas (el temor a la expansión otomana, el riesgo de los moriscosÉ), no tienen peso, en opinión del profesor y alto cargo de la Conselleria de Solidaridad y Participación.
El ex ministro y escritor Manuel Pimentel, que abrió el congreso "El Islam cercano. Los moriscos valencianos" defendió el legado árabe como parte de la historia de España ("Abderramán es también un rey hispánico", dijo), aunque restó importancia demográfica a la expulsión morisca.
Con motivo de las jornadas, se inauguró ayer tarde una exposición en el Museu d'Història de València sobre los "despoblados moriscos", que plantea un recorrido fotográfico por las zonas donde se asentaba esta población. a. g. valencia