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Estudio

Una obra del Institut d´Estudis Catalans otorga rigor histórico al azul de la «Senyera»

 

El autor de «La carta de Gabriel de Vallseca de 1439», Ramón J. Pujades, precisa que no había «voluntad secesionista» en la introducción en el siglo XV del azul en el estandarte, un elemento «intrascendente» para hacer visible la corona

ALFONS GARCÍA ­
El tiempo, la distancia y la ausencia de conflicto suelen propiciar reflexiones más afinadas sobre asuntos que han levantado conflictos (e incluso batallas). Sucede así con la aportación que el historiador Ramon J. Pujades ha realizado sobre un debate tan espinoso como el de la Senyera de Valencia. El autor da legitimidad a la presencia del azul en la bandera de la ciudad a partir del año 1400, aunque rechaza que hubiera cualquier voluntad «secesionista» con respecto a la Corona de Aragón en ese hecho. Y como el contexto también importa, el experto en cartografía medieval realiza estas afirmaciones en una obra (La carta de Gabriel de Vallseca de 1439) editada por el Institut d´Estudis Catalans (IEC), la Biblioteca de Catalunya, el Govern de les Illes Balears y la firma Lumenartis.
Pujades —historiador valenciano afincado en Cataluña— incluye en este estudio un capítulo dedicado a La bandera de la ciutat de València, que tiene como objetivo responder a la última aportación científica en este debate: el libro Barres i corones de Pau Viciano (Afers, 2008), del que ya dio cuenta Levante-EMV.
Si el investigador de la Universitat de València «relativiza» el valor de los símbolos de la ciudad incluidos en los portulanos del siglo XV —el gran descubrimiento histórico de los últimos años del sector social conocido precisamente como blaverismo— y considera que no eran una reproducción de la bandera de la ciudad, Pujades califica tales consideraciones de «sorprendentes».
La verdad, dice el experto, es que «casi todas las cartas posteriores a 1400, si pintan las banderas de las ciudades, sitúan sobre Valencia una bandera con aumento cargado de corona» (un fondo azul para resaltar el símbolo real). En los portulanos donde esto no sucede, tampoco aparecen las banderas de las ciudades de Barcelona, Alicante u otras, así que lo que representan es la bandera de la casa real.
Que estas banderas con azul de las cartas de navegación convivieran con la senyera de ceremonias del Consell —la lujosa de las procesiones, sin azul— no quiere decir tampoco, en opinión de Pujades, que esta última fuera «más oficial».
Coexistían, argumenta, porque «ambas, una con la corona metálica sobre el palo y otra con la corona sobre aumento de azul, eran exactamente lo mismo: ?senyeres? reales coronadas».
Esta es, según el autor, la realidad histórica y otra cosa son las connotaciones secesionistas que cinco siglos después algunos han querido dar a esta franja azul. «Las caras de los valencianos del siglo XV se habrían desencajado si hubiesen sabido que, 600 años después, aquel aumento azul intrascendente, introducido con la función de exclusiva de hacer más visible la corona, se convertiría en el símbolo al que se aferraría un sector de la población valenciana para marcar distancias nacionales con el resto de los territorios con lengua, cultura e historia comunes».

Las razones para «el aumento»
Pero queda una cuestión por aclarar: ¿por qué se introdujo el azul? ¿Fue gratuito? Para Ramon J. Pujades, la clave hay que buscarla en el decreto del Consell de la ciudad del 10 de marzo de 1377. En este se abandonaba el emblema de la ciudad fortificada para recuperar «las armas primigenias»: las barras amarillas y rojas, pero añadiéndole la corona.
Sin embargo, la decisión «no respondía a la voluntad de marcar ninguna diferencia secesionista», sentencia el historiador. Todo lo contrario, ya que recuperaba las armas reales comunes, dice. «Sólo se trataba de la reivindicación orgullosa de una metrópoli que había sido humillada por su rey durante los años anteriores», por el enfrentamiento por la Guerra de la Unió. Reconciliada ahora, proclamaba a los cuatro vientos que ella era la ciudad principal del Reino de Valencia (temía de Xàtiva, señala) y exponía el privilegio de la corona que el monarca le había otorgado para distinguirse de otras villas reales.
¿Cómo incorporarla? En el caso de la bandera de ceremonias una solución fue añadir una corona de metal en el palo. Pero en las banderas que debían ser vistas desde lejos, como las de los barcos, la solución fue el azul. Y así se refleja en las cartas portulanas. Pero esta, remarca, no era una «?senyera? diferente de la real, sino, sencillamente, una ?senyera? real coronada».

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