ALFONS GARCIA VALENCIA
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Pequeño de estatura; de apariencia humilde y reacia a acicaladuras (un suéter de lana granate con algunas tallas de más; un pantalón de pana y una camisa que no pasan por nuevas); tiende a levantar la mirada al cielo cuando habla, para de pronto encañonar los ojos del interlocutor. Antonio López (Tomelloso, 1936), uno de los grandes referentes de la pintura figurativa española del siglo XX y Premio Príncipe de Asturias de la Artes de 1985, mira a su alrededor y ve un arte "cansado". Como el hombre, reflexiona, "perdido", con una "actitud peligrosa, como cansados de nosotros mismos", lo que lleva a actuar "con imprudencia" sobre la naturaleza. "Igual ha sido siempre así, pero nunca ha habido tanta gente y con tanta fuerza", dice.
¿Ejemplos en el arte? Miren a Bacon o Giacometti, responde. Sus figuras son "como quedaría el hombre después de una bomba de neutrones". Los artistas antes pintaban para agradar, ahora "parece que para castigar", comenta.
Le cuesta responder qué busca él. Ni que le quieran, ni una buena vida, señala. Es más fácil decir qué le aporta: "Me llena, me da para vivir, el inicio es un chispazo, un coito con el mundo."
Antonio López participó ayer con Juan José Aquerreta en los Coloquios de Cultura Visual Contemporánea que organiza la Fundación Mainel. Antes, con la prensa, dejó algunas perlas lapidarias. "La mala cultura la genera la mediocridad humana."
¿Y Sorolla? Lo incluye entre los artistas "válidos, buenos". Pero rechazó que se intente comparar con Velázquez, porque es "distinto, ni mejor ni peor". "El éxito lo mató y luego le castigaron muchísimo -agregó-. Cuando yo estudiaba era el veneno." "Eso te enseña que hay que ser prudentes" y que "las sensibilidades cambian."
Antonio López no sabe de internet ni habla inglés, pero se siente cercano de los jóvenes, aunque se decanten por nuevos soportes tecnológicos. "Si ya no pintan, qué más da." A él le sigue gustando la pintura y su proceso de creación. No le parece algo viejo. Lenguajes diferentes ha habido siempre; importa ser bueno o malo, no el soporte o si es arte abstracto o figurativo. "Es más difícil interpretar a Ribera que otras cosas hechas ahora mismo", sentencia. Eso sí, "nunca se ha hecho tan mala escultura como ahora -apostilla- y el País Valenciano se está llenando de castañas terroríficas". El espectáculo en el arte, dice, "empezó cuando los dioses se alejaron", porque "el hombre quiere bulla". a. g.valencia