Ciclo de cámara
palau de la música
Int. Emanuel Ax (piano) y Cuarteto Emerson. Obras de Beethoven, Mendelssohn y Dvorak. 11 de noviembre.
En 1992, Manuel Ángel Conejero retiró a Emanuel Ax de la programación del Palau preparada por el anterior director del auditorio, Manuel Muñoz. Para ver al pianista estadounidense de origen ruso (Lvov, 1949), uno de los más importantes de su generación, tuvimos que esperar a 1997, cuando en el Tercero de Beethoven estuvo muy por encima del decepcionante acompañamiento que Pinchas Steinberg extrajo de la Filarmónica de Londres.
Ahora ha vuelto para compartir la Rodrigo con el Cuarteto Emerson, justo una semana antes del recital en la Iturbi para el que con esta actuación no ha hecho sino aumentar la expectación. Se inició el desacostumbrado programa con un primer movimiento de la Tercera sonata de Beethoven que pudo sorprender por lo percusivo de un toque que desde luego le vino mejor a la juguetona, traviesa concepción del otro Allegro, el conclusivo, cerrado con un formidable trino antes de la coda.
Fue, no obstante, en el Adagio donde los brutales contrastes de piano a fortissimo (y vuelta), en alternancia sin solución de continuidad, produjeron la máxima impresión. Más de una similitud guardó esa versión con la del Primer cuarteto de Mendelssohn que le sucedió, si bien en los dos movimientos rápidos (y especialmente en el último) se apreció una superioridad en claridad y calibración de las intensidades. Pero también aquí fueron los movimientos lentos y, puestos a elegir un pasaje, la reprise de la Canzonetta donde la exquisitez rayó a mayor altura.
Ya con todos los artistas sobre el estrado, en el Opus 81 de Dvorak se recrearon en las un tanto empalagosas melodías con todos ellos y el conjunto que formaban haciendo repetida exhibición de maestría para mantener las tensiones en los períodos transicionales y los episodios secundarios. La decisión con que en la sección central del Andante el piano cortó de certero tajo la creciente potencia del discurso podría valer como emblema de una interpretación de principio a fin tan fogosa como precisa. El Scherzo del Quinteto de Schumann no hizo sino redoblar el calor de los justificados aplausos y bravos.