Berlioz, Ravel y Roussel
palau de la música (valencia)
Dir.: Yan-Pascal Tortelier. Int. Gérard Caussé (viola) y Orquestra de València.
Harold en Italia es un poema sinfónico de Berlioz mucho más bello de lo que su frecuencia en las programaciones haría pensar. En el Palau sólo se recordará la maravillosa versión protagonizada, en marzo de 1993, por Yuri Gandelsman y la Filarmónica de Israel a las órdenes de Zubin Mehta. No es posible repetir esta vez aquellos elogios.
El excelente momento por el que atraviesa la Orquestra de València le permitió a Yan-Pascal Tortelier (París, 1947) construir una brillante superficie sonora, detrás de la cual se encontraron muy pocos contenidos de enjundia.
Para empezar, los trece primeros compases se llevaron al mismo tempo que el resto de la introducción, esto es, como prescribe el compositor, pero no se fraseó de manera que la entrada del solista supusiera un cambio de clima. Cuando el tema de éste pasó a la orquesta, en lugar de exaltación lo que se percibió fue la progresiva trivialización de un discurso que tampoco acusó la indicación poco animato de la coda.
La Marcha de los peregrinos careció del mínimo de solemnidad exigible, y el final de aquel sentido dramático que contrastara la súplica de las víctimas con la orgía de sus verdugos. A la Serenata, por contra, le faltó viveza, pero fue ahí donde mejor acomodo encontraron las estupendas intervenciones del corno Juan Bautista Muñoz y de la pareja de trompas María Rubio y Juan Ramón Gassó. Aunque perjudicado por la ocurrencia de hacerle tocar cada pasaje desde una posición distinta del estrado y las tribunas, Gérard Caussé (Toulouse, 1948) también se mostró muy por encima de una interpretación globalmente tan poco profunda.
Tras una Pavana de Ravel iniciada con un buen solo de la solista de trompa y aceptable en el resto, Tortelier dio lo mejor de sí mismo en una Tercera sinfonía de Roussel que, precisamente, no parece requerir más que una buena orquesta y un director que marque con claridad. Por ese lado, al menos, no hubo ningún motivo de queja y sí de encomio tanto para el conjunto como para, entre otros, los primeros atriles de la sección de metales y la concertino Anabel García.