La Sociedad Filarmónica
Georgia Bertagni (mezzosoprano), Stefano La Colla (tenor) y Nuo Quintetto Italiano. Obras de Mozart, Verdi, Rota, Leoncavallo, Bizet, Cilea, Puccini, Haydn, Gershwin y Lehár. Sociedad Filarmónica de Valencia, 23 de noviembre.
La ópera entró en la programación de la Sociedad Filarmónica en un formato tan poco habitual como es contar con un quinteto de vientos como acompañamiento de una selección de arias y dúos. Pusieron las voces dos jóvenes cantantes italianos, que abordaron un repertorio mayoritariamente italiano y adecuado a sus condiciones.
Esto último no se cumplió en el primer número interpretado por Giorgia Bertagni, un Voi che sapete para el que su instrumento resulta ya excesivo por tamaño y por vibrato. La Habanera de Carmen, por contra llevada un punto demasiado lenta, y Acerba voluttà (Adriana Lecouvreur, de Cilea) las resolvió con la mayor comodidad que le permitió además la aplicación de una técnica por lo demás notable y, sobre todo, más ajustada al superior dramatismo requerido.
Materia no grande sino enorme exhibió Stefano La Colla en Celeste Aïda, Vesti la giubba, E lucevan le stelle y Nessun dorma. Se echó sin embargo de menos algo más de musicalidad para que su actuación no acabara reducida al mero lucimiento de potencia.
El primero de los dos dúos programados, Mal reggendo (Il trovatore) adoleció de un desequilibrio casi anunciado de volúmenes, pero también de una acusada diferencia, a favor de la mezzosoprano, en cuanto a capacidad para adentrarse en el contenido expresivo de notas y palabras. Tace il labbro, versión italiana del vals de La viuda alegre, funcionó mejor, como cabía esperar de su superficialidad.
El Nuovo Quintetto Italiano (flauta, oboe, clarinete, fagot y trompa) acompañó con mimo a las voces, dotó de frescura al arreglo de la obertura de La flauta mágica, de sentido a la de Nabucco, de swing a una fantasía sobre Porgy and Bess, y de interés a las dos obras originales incluidas, la Piccola offerta musicale de Nino Rota y el Quinteto sobre el Coral de san Antonio de Haydn.
Los fuertes aplausos de un público escaso hasta lo preocupante obtuvieron la canción napolitana Anima e core como propina a esta deliciosa velada de ópera de cámara.