LEVANTE-EMV VALENCIA
La recién creada Comisión para el Centenario de Miguel Hernández ofrece una tímida esperanza a la puesta en marcha de las actividades previstas para la efeméride que tendrá lugar el próximo año. Sin embrago, la falta de entendimiento entre las distintas instituciones implicadas en la conmemoración y la familia del poeta oriolano continúa siendo la tónica que está dejando en agua de borrajas muchos de los proyectos en memoria del poeta.
La esperada Comisión Nacional llega un mes antes de iniciarse oficialmente los eventos, aunque su llegada se esperaba en octubre para orientar, respaldar y enmarcar todas las iniciativas que han ido surgiendo en torno a la celebración del Centenario. Los ayuntamientos de Orihuela y Elx, además de la Fundación Miguel Hernández trabajan desde 2007 en la preparación de distintos actos en torno a esta conmemoración.La Comisión, tal y como anunció recientemente el delegado de Gobierno de la Comunitat Valenciana, Ricaro Peralta, estará presidida por la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega; mientras que la presidencia de honor corresponderá a los Reyes de España.
Entre estos proyectos que han quedado en el olvido destaca la creación de un documental sobre la vida del escritor. Este metraje lo ha seguido de forma muy directa Alfonso Guerra, presidente de la Fundación Pablo Iglesias, a la que acudió la nuera de Hernández para solicitar ayuda para la puesta en marcha del Centenario.
Y es que al parecer, un documental se queda corto para los herederos del poeta, que reclaman llevar la vida de Hernández hasta Hollywood, convertida en una película protagonizada por Johnny Depp. Por el momento, no se sabe nada del filme.
Actualmente, de lo único que se tiene cierta seguridad es de la celebración de un congreso en torno a la figura del poeta para el próximo mes de octubre, una exposición en la Biblioteca Nacional, así como una reedición de sus obras completas, aprobado hace tres años por la Sociedad Española de Conmemoraciones Culturales.
La cuestión radica en los derechos de autor que la familia todavía disfruta legalmente y de los que aún quedan 10 años de vigencia. En esta misma situación, ejemplar fue la actuación de los herederos de Antonio machado que cedió gratis la reproducción de poemas del sevillano para la biografía de Ian Gibson.
El médico y el poeta
El poeta oriolense Miguel Hernández Gilabert y el médico José Pertejo Seseña, zamorano de nacimiento y eldense de adopción, se conocieron en la cárcel. Ambos fueron represaliados al finalizar la Guerra Civil por sus ideas liberales y ambos fueron traídos y llevados de uno a otro presidio recorriendo España de punta a punta. En uno de esos traslados ambos coinciden en Ocaña y el doctor comienza a tratar al poeta su tuberculosis, enfermedad que contrae en septiembre de 1940 durante su estancia en el centro penitenciario de Palencia, donde sufre una severa hemorragia causada por una neumonía. Todo ello lo ha plasmado en una publicación el historiador eldense José Luis Bazán.
«Por sus ideas, Pertejo estuvo varios años encarcelado y me consta que mantuvo cierta amistad con Miguel Hernández, que también recibió el apoyo y la compañía permanente de otros compañeros de presidio, como Juan Antonio Areste y Fernando Revuelta. Ellos también le ayudaron a superar el calvario de su enfermedad y confinamiento», explica el profesor Bazán.
Al poeta se le conmuta la pena de muerte por 30 años de reclusión y se le comunica que va a ser trasladado al reformatorio de adultos de Ocaña. Según recoge el libro, allí coinciden ambos por primera vez y el doctor Pertejo le proporciona los primeros cuidados médicos. Pero Hernández iba a ser trasladado de nuevo. En esta ocasión, al reformatorio de adultos de Alicante. Y de nuevo el caprichoso destino hace coincidir al médico y al poeta. Ambos son conducidos desde Ocaña a Alicante el mismo día. Tras la salida de ambos del reformatorio ya no volverían a verse. Pertejo fue a la prisión de Alicante y Hernández pasó por las de Alcázar de San Juan y Albacete. En 1942, fallecía, causando un hondo dolor a su «compañero del alma, compañero».