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Mundo y final
teatre el musical
Int.: Juan Cañas, Íñigo Echevarría, Miguel Magdalena, Daniel Rovalher y Álvaro Tato.
Textos: Juan Cañas y Álvaro Tato. Música: Yayo Cáceres, Juan Cañas, Miguel Magdalena y Daniel. Dirección: Yayo Cáceres. Compañía: Ron Lalá.
Con estas tres palabras define la compañía Ron Lalá su espectáculo Mundo y final. Después de verlo, uno se da cuenta de que han sido de lo más rigurosos, pues el montaje que durante las próximas semanas puede verse en El Musical es una combinación de los tres conceptos.
El hilo conductor de la obra es el fin del mundo; pero lejos de presentarlo como un hecho insólito o inesperado, se produce por encargo telefónico. Toda una metáfora que apunta a lo que desarrollarán a lo largo del espectáculo: una crítica voraz y mordaz del comportamiento del ser humano en todos los aspectos: político, social, medioambiental, cultural... Como suele decirse «no dejan títere con cabeza». Nos presentan una serie de escenas en las que vemos situaciones descabelladas, porque han sido exageradas llevándolas al extremo, pero en cuyo origen reconocemos una situación real y cotidiana. Estoy pensando, por ejemplo, en el sketch en el que vemos a una familia demasiado ocupada para llevar al niño al «parque de destrucción», mientras le prohíben jugar a la play station porque engancha; o en las geniales escenas del taxista haciendo un recorrido por la vida o siendo parado por la «vanguardia civil».
Mundo y final es una creación colectiva en la que sus componentes han querido hermanar, como decíamos, teatro y música. Y lo han hecho de forma que ninguna sirve de excusa a la otra sino que ambas se complementan. Durante toda la obra hay intervenciones musicales creadas con instrumentos «estándares» y objetos cotidianos que les sirven para crear melodías. Pero sin duda, uno de los platos fuertes es la escena final, en la que Miguel Magdalena, «Perilla de la Villa» nos deleita con coplas o bulerías a cuyas letras se les da una vuelta de tuerca para hacernos reír una vez más.
Yayo Cáceres ha dirigido este espectáculo en el que ha sabido ensamblar todos los elementos para que ninguno de ellos hiciera sombra a los demás.
No hay duda de que en este montaje se demuestra que humor y reflexión no son términos irreconciliables. Es más, se demuestra que juntos, son más eficaces.
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