Hace tiempo que puse mi correo electrónico bajo mi firma en esta columna. J.R. Seguí me advirtió de los peligros que corría. Pensaba que me iban a escribir notas vejatorias o amenazas anónimas. Le agradecí el aviso, pero como soy bastante terco, continué en mis trece. Ahora, que han pasado varios años, puedo decir que he recibido numerosos e-mail, a favor o encontra de mis comentarios, pero siempre con una educación que dice mucho a favor de los lectores de este periódico.
Sólo hubo una excepción y fue cuando se me ocurrió arremeter contra lo que de malo tiene el fútbol. Entonces recibí un correo que, amparado en el anonimato, se me ponía lo que se dice a parir. Ni que decir tiene que no se me ocurrió contestar. El fanatismo fue el que dictó aquel comunicado y el fanatismo es, sin duda, uno de los males balompédicos.Hace ya bastante tiempo – creo que cuando Javier Clemente entrenaba a la selección española- en una tertulia televisiva se enfrentaron el ex jugador y técnico baracaldés y Pilar Rahola, a la sazón –si la memoria no me traiciona- voz autorizada de Esquerra Republicana de Catalunya.
El vasco llegó a decir poco menos que, gracias al fútbol, no se drogaban todos los jóvenes españoles; que el fútbol era bueno para la salud fisica y moral de la sociedad. La catalana no opinaba lo mismo e incluso llegó a insinuar que, entre la gran masa de aficionados, se escondía una minoría ultra.
Evidentemente, el deporte rey-espectáculo imperator ni es tan bueno como apuntaba Clemente ni quizá tan negativo como manifestaba la Rahola. Sin embargo, resulta triste que, en ocasiones, los estadios sean invadidos por el fanatismo, como ha sucedido en Viena el pasado día 3.
A nadie se le puede escapar que la mayor parte de los aficionados no son unos energúmenos dispuestos a armar la gorda. Se sienten parte de un colectivo cuyas ilusiones dependen de unos pocos, jugadores y técnicos; situación que es aprovechada por los que pretenden hacer su negocio particular.
Jesús Civera comentaba ayer en estas páginas las declaraciones del actual presidente valencianista en cuanto al problema del nuevo estadio; problema que existe –según Manuel Lorente- por culpa de las instituciones que se gastan el dinero en otras cuestiones. Una cosa es la cultura de la subvención, tan extendida por estos pagos, y otra muy distinta la subvención de la cultura. Y, pese a lo que algunos pretenden, el fútbol no es cultura: no es lo contrario de cultura, sino algo diferente, aclaro.