E.P. LEVANTE
?
Ana Prada regresa a Valencia después de 15 años en Londres para inundar la Sala Parpalló de fotografías, plastilina y objetos cotidianos manipulados y transformados en arte que juegan con el espacio y lo llenan de texturas y colores. Con humor e ironía, la artista busca provocar emociones físicas y lecturas personales en el espectador, al tiempo que da un toque crítico a sus obras, generalmente en lo que al consumo se refiere.
La muestra es la más amplia que ha realizado la creadora hasta el momento. Ha supuesto todo un "reto" que le ha hecho cambiar su forma de trabajo habitual. Planteada como un proceso de trabajo, Prada se sirve de diversas estrategias que van desde el arte minimal, el arte pop, el conceptual o surrealismo.
Más de 30 trabajos creados a partir de objetos tan habituales en la vida diaria como sacapuntas, cordones de zapatos, uñas, perchas, cuchillos de plástico, chupachups, clavos, rollos de papel, medias, bolsas de té o botellas de agua, junto a 5 grande fotografías y esculturas de plastilina componen "un trabajo cultural más que comercial" con el que Prada confió en "estimular" la imaginación del espectador.
Consciente de que su obra "no es muy comercial", le confiere unas pinceladas críticas con el "mercado del arte y el capitalismo", aunque su prioridad es más bien hacer "disfrutar" y que cada uno aplique su lectura