ANTONIO JUAN SÁNCHEZ ALICANTE
El año 2010 estará marcado por un nombre propio, cercano a la provincia, querido por sus versos y admirado por su humilde y profundo recorrido entre las letras y la reivindicación social. Miguel Hernández (Orihuela, 30 de octubre de 1910-Alicante, 28 de marzo de 1942) toma cada vez más protagonismo.
Mientras el rápido paso de los días consume diciembre y se encadenan actos, proyectos y espectáculos para destacar el centenario de su nacimiento, el legado del poeta vive entre silencios e incomprensiones en las instalaciones del Archivo Histórico Municipal de Elche, tras un periplo que supera los 25 años y que comenzó en el verano de 1984 cuando Josefina Manresa, viuda del escritor de Orihuela, firmó con el alcalde ilicitano Ramón Pastor el depósito de su legado. El último acuerdo se renovó en 2002 y, hoy, la falta de un convenio entre los herederos y el Ayuntamiento mantiene un clima de dudas que se prolonga desde hace cinco meses.
Se habla del legado por activa y por pasiva y, seguramente, lo más importante de ese tesoro no es tanto lo que contiene, que lo es, sino el hecho de que puede ser el pilar de un centro de investigación y difusión de la obra de Miguel Hernández. El legado supone un 90% de lo conocido del poemario... Prácticamente todo está publicado o en vías de publicación, aunque la importancia se marca por el hecho de ser material original que define la manera de trabajar y en qué condiciones elabora el autor de Orihuela sus textos.
Falta poco, tan sólo los primeros poemas que se publicaron en los periódicos de Orihuela, pero también es cierto que entre los documentos hay una parte inédita que se circunscribe a modificaciones de versos o versos que luego se incluirán modificados en los poemas.
Reflejo de su vida
Los fondos del depósito están organizados en siete secciones en función de los manuscritos, la correspondencia, artículos de prensa, fotografías, objetos, una amplia colección de pinturas (con unas 90 estampas, cuadros y grabados del escritor) y una biblioteca, con libros del poeta o sobre él que pertenecen a los herederos o que ha ido adquiriendo el Consitorio de Elx. El legado se asienta en los depósitos 2 y 4 del Archivo ilicitano, con manuscritos, fotografías, artículos y correspondencia en varias estanterías; mientras que en el sótano, guardados en cajas de madera y bien protegidos, se encuentran los cuadros y objetos personales.
El legado es un reflejo de lo que fue Miguel Hernández, de sus momentos más íntimos, de sinsabores e instantes geniales. Y quedan muestras de un poeta que está preocupado por la necesidad de publicar sus creaciones entre rimas y reflexiones. Él, considerado como un poeta que no es el perfil habitual en la poesía española; él, que no es un escritor de la burguesía que dispone de una biblioteca propia; él, que no puede y no tiene afán de comprar volúmenes literarios; o él, que debe decidir en todo momento entre su amor a su mujer y su pasión por los versos.
Tesoros agrupados que piden a gritos su difusión, una oportunidad para ser "escuchados" y apreciados en el tiempo... llegando hasta la fibra humana y más real de un hombre que murió entregado a la vida y a la poesía.