La Galería de J. R. Seguí se está convirtiendo en una colección de retratos en la que el arte se erige en el centro de atención. Ayer, la conversación con Carmen Calvo fue de lo más sugestiva. Ya sabéis que, de siempre, me ha interesado la opinión de los propios autores sobre el hecho artístico. Es una parcela importante dentro del amplio universo teórico. «El reto consiste en emocionarse con el trabajo, aunque sepas que pintar es lo único que sabes hacer o lo único que quieres hacer», confiesa nuestra creadora.
En la tarea plástica se necesita de la motivación para poder llevarla a cabo. Si escribes, te pasa lo mismo. No puedes sentarte ante el ordenador sin ganas, pues corres el riesgo de caer en la rutina, de cubrir el expediente. Y al pintor, como al escritor, no se le permite el lujo de salir del paso. (Y si se le permite, mal, muy mal).En muchas ocasiones, mis lectores me lo comentan: «Hoy no estabas inspirado,¿eh?» o «Se te notaban las ganas con las que has pergeñado la columna de esta semana». Y es que, como decía Carmen, existe un evidente paralelismo entre plástica y literatura.
Escribir y pintar no dejan de ser acciones generadas por el ser humano con parecidas intenciones.Se trata, por otra parte, de actuaciones diferentes y diferenciadas.
Cuento con frecuencia la siguiente anécdota personal. Las únicas matrículas de honor que obtuve en el bachillerato fue en la asignatura de Dibujo. Mi profesor en la materia, Enrique Ginesta, titular de Perspectiva en la Escuela de Bellas Artes de Valencia, se puso en contacto con mi padre para decirle que yo tenía "manitas" para estos menesteres y que aconsejaba mi ingreso en San Carlos.
Ni que decir tiene que no seguí el consejo de don Enrique. Una cosa es tener habilidades para una profesión y otra, bien distinta, que uno se sienta atraído por su ejercicio. Lo mío era la escritura; desde bien pequeño sentí su llamada, tanto es así que, cuando tenía seis o siete años, los Reyes Magos me dejaron una imprentilla con la que comencé a editar mis primeras publicaciones.
Esta historia la suelo contar cuando a alguien se le ocurre citar la famosa frase de que un crítico de arte es un artista frustrado. Bueno, pues no es mi caso, vaya.Escribir, pintar, ¿qué más da? Lo importante es tener la motivación necesaria para desarrollar una actividad en la que no valen convencionalismos, aunque lleves el guión en mente.
Carmen dice que necesita ir todos los días al estudio para ponerse las pilas, cosa que también me sucede, pues a diario –incluso en domingo, como hoy- me coloco ante la pantalla del ordenador dispuesto a escribir.