CARMEN AMORAGA VALENCIA
?Fernando Sánchez Dragó vuelve a la literatura con una novela muy diferente a la que sus lectores están acostumbrados, y lo hace para contar la historia de un gato que, como todos los gatos, era un gato mágico. Andaba por los pueblos de las Tierras Altas de Soria en busca de un hogar. Era un gato aventurero y le gustaba viajar, pero no tenía nombre. Y quien no tiene nombre, viaja sin brújula y sin saber adónde va.
Para descubrir su verdadero nombre este gato mágico tenía que encontrar su hogar. Y de ese modo se encontró con Fernando Sánchez Dragó. El escritor y el gato se hicieron amigos y Dragó le dio al gato el nombre que había buscado durante tanto tiempo: Soseki (sosiego, en japonés).
Sánchez Dragó reconoce que Soseki, inmortal y tigre (Planeta) es "mi libro mejor escrito, porque he conseguido depurarlo de todo ese exceso de hojarasca que poblaba otros de mis libros, con un estilo mucho más barroco", aunque confiesa también que le hubiera gustado no tener que escribirlo porque esta novela "nace como una especie de homenaje a Soseki después de su muerte", dice.
En efecto, el gato Soseki murió hace ahora dos años, aplastado por un montacargas que Dragó había instalado en casa y que "de no haber matado al gato, se hubiera llevado a mi nieta Catherina, por ejemplo".
El escritor, convencido de que el gato se "inmoló" para evitar la muerte de un humano, dejó a un lado la escritura de sus memoria y se puso manos a la obra con esta novela. "Al principio, escribí un obituario pero estaba tan profundamente triste que pensé que lo mejor era escribir un cuento corto en su memoria, pero poco a poco fue tomando cuerpo una novela más larga", explica.
De hecho, Soseki, inmortal y tigre cuenta en 350 páginas la historia fabulada del gato, "que sabía que tenía que cumplir una misión", la de la comarca soriana de Tierras Altas y la de un anciano escritor -el autor- y su nieta Catherina, a la que en breves conversaciones trasmite su filosofía sobre la vida. Sánchez Dragó reconoce que la obra está cargada de buenos sentimientos y pura emoción. "He trabajado diez horas al día durante diez meses", confiesa. El escritor, que en esta ocasión utilizó por primera vez un ordenador en lugar de la máquina de escribir, cuenta que "a los cuatro meses había borrado un montón de letras del teclado. En la casa de reparaciones me dijeron que nunca en la historia de la informática habían visto nada igual", bromea.
Soseki, inmortal y tigre, es "un libro para mi nieta, pero también para niños y grandes, para quienes aman a los gatos, para que sigan amándolos, y para quienes los detestan, para que dejen de hacerlo", cuenta Sánchez Dragó que afirma, además, que pretende crear un centro de acogida de gatos en Castilfrío de la Sierra. "Soseki no era mi primer gato, ni será el último. Ahora tengo a un hermano suyo que se le parece mucho, pero Soseki era especial, era mágico y en los dos años que vivió con nosotros compartió esa magia con los demás".
Dragó se confiesa admirador de los gatos porque "son leales sin ser serviles. No se dejan domesticar. Incluso el león, o el tigre, pasan por el aro por miedo al látigo, pero el gato no". Sobre la sinceridad de su voz como autor en esta novela, asegura que "me he desnudado en este libro. La muerte de Soseki fue un golpe terrible que aún hoy me hace llorar, y cualquier persona que haya perdido a un animal al que quería sabrá a lo que me refiero".