Palau de les Arts
concierto extraordinario
Intérpretes: Olga Peretiatko (soprano) y Orquestra de la Comunitat Valenciana. Director: Lorin Maazel. Obras de Chaikovski y J. Strauss. 20 de noviembre.
Casi tantas pantallas acústicas como músicos actuaron han mejorado la acústica del auditorio de Les Arts, y su orquesta a sí misma. Los unísonos y las melodías acompañadas ya se oyen con nitidez si no ideal, sí suficiente. Peor remedio tendrán la excesiva direccionalidad del sonido o los contracantos de familias instrumentales a partir de mezzoforte: entre éstos, la primera llegada a forte en el movimiento inicial de la Primera sinfonía de Chaikovski, la transición de la introducción a la exposición en el final de la misma obra y el final del vals del Lago de los cisnes constituyeron ejemplos palmarios. Por otro lado, Lorin Maazel hace mucho tiempo que no hace honor a su fama de genio irregular, y ha conseguido cuajar una orquesta a la altura de la calidad individual de sus componentes y sometida a su alto magisterio con disciplina benedictina.
Dotada de un romanticismo más wertheriano que byroniano, la sinfonía siempre refinada y plagada de destellos de idiomatismo muy puro. A algunos los tempi debieron de parecerles demasiado lentos, pero la delicadeza con que se pasó por el Andante no está al alcance de cualquiera.
Apenas con un punto menos de sutileza arrancó la Suite op. 71a del Cascanueces, pero a partir del Trepak el nivel técnico e interpretativo volvió a elevarse. El oboísta en la Danza árabe y la arpista en el Vals de las flores contrajeron méritos luego revalidados en el Lago.
La inserción en un monográfico Chaikovski de dos números del Murciélago (más, como propina, el aria de Olympia en Los cuentos de Hoffmann de Offenbach) careció de justificación argumental, pero permitió comprobar lo perjudiciales que la posición y el disfraz que la Fura le asignó al pájaro en el último Sigfrido resultaron para la belleza no sólo vocal de la soprano ligera rusa Olga Peretiatko (San Petersburgo, 1980). Como actriz y como cantante estuvo sencillamente encantadora.
Cerraron el programa todos los números menos el sexto y último de la Suite op. 20 del Lago. Además de por su apasionamiento, la versión se distinguió por una sutileza aún mayor que la hasta entonces mostrada en la regulación de las dinámicas.