R. F. VALENCIA
Hay tantos caminos en la abstracción como artistas que los hayan abierto o quieran abrir uno nuevo, porque la abstracción responde a una interpretación única y a un discurso individual. Sin embargo, es en el camino del tiempo donde se pueden descubrir las convergencias. Y en el caso del arte español, pese a la diversidad de miradas, lo que al mismo tiempo facilita la riqueza de lenguajes, existió y existe un cruce de caminos.
Eso es lo que pretende mostrar la muestra La línea Roja. Arte español en la colección del IVAM que ayer inauguraba el museo valenciano y que ocupa toda una de las galerías principales del centro Julio González.
La singularidad seguramente esté en la selección de las obras, aunque el título de la muestra parta de un homenaje a Tàpies, pero lo más importante es que todas ellas- está integrada por dibujos, esculturas, serigrafías, pinturas o instalaciones firmadas por 37 artistas- pertenecen a los propios fondos del museo, algo que permite conocer detalles de un patrimonio y poner en valor las colecciones propias.
Bien es cierto que otros comisarios hubieran realizado otra apuesta, pero en este caso, como manifestaba ayer Ramón Escrivá, junto a Raquel Gutiérrez coordinadores del proyecto, la idea era articular el discurso a partir de obras que abarcan desde los años 30 hasta nuestros días a fin de que dialoguen entre ellas y, al mismo tiempo, provoquen zonas de reflexión al espectador. Son en total nueve áreas temáticas y no hay orden cronológico.
Por ello no es de extrañar que, como inicio, convivan las obras de González, Saura, Chirino o Miquel Navarro, o que al final del recorrido, en una especie de capilla conclusiva coincidan Teixidor, un Esteban Vicente más próximo a Rothko que a la obra que más identificativa, Uslé, Sanleón o el propio Tàpies.
Pero es que en medio, las disparidad se cruce entre los poemas visuales de Brosa, el políptico de la serie Limo de Gordillo, la geometría colorista o formal de Eusebio Sempere frente a las obras de Rueda, Soria, Rivera, Palazuelo, Millares, Miró, Alfaro, Broto, De Soto, Manolo Gil o Carmen Calvo: una colección que en algunos casos no rehuye como punto de partida de la figuración. Aún así, según dijo Escrivá, esta muestra ha de entenderse como "un cruce de caminos en el que convergen la tradición constructiva, la pulsión figurativa, la experimentación con la materia y la quiebra de la naturaleza bidimensional de la pintura".
Según añadió, "un espectáculo de lo sentidos con un orden narrativo y unidas a razones de tipo descriptivo". De tal forma que La línea roja arranca con una reflexión sobre lo orgánico, que fue un tema "importantísimo" durante toda la abstracción, parte hacia el surrealismo y alcanza todas las derivaciones de las corrientes abstractas, precisó el comisario.
A su vez, reflexiona sobre ciertos aspectos del primitivismo, dado que los primeros grupos abstractos se inspiraban en las cuevas prehistóricas, como es el caso el grupo Parpalló, recordó Escrivá.
La directora del IVAM, Consuelo Ciscar, adelantó que dentro de la política del organismo de ir mostrando sus colecciones a base de exposiciones monográficas, en 2010 el museo exhibirá su obra sobre papel y la muestra El mar como pretexto, con la que se pretende desarrollar una investigación que haga comprensible la representación del mar en las diferentes manifestaciones artísticas.