A. G. VALENCIA
Las salas de teatro alternativo están decididas a continuar adelante. Pese a estar "en la cuerda floja" administrativa y económicamente, han querido demostrar con una fiesta en Valencia (el pasado lunes) que no se rinden y que están convencidas de que ocupan un lugar "necesario para la vida cultural de la ciudad". Cubren un hueco que las salas públicas, "más orientadas hacia el teatro más convencional", dejan vacío, aseguran.
La práctica totalidad de la escena independiente valenciana vive en la alegalidad, "en el limbo", afirma la coordinadora de la FETI (la federación que agrupa a la mayoría de estos espacios), Henar Lorenzo. Están en esa órbita indefinida en la que no tienen licencia de apertura al tiempo que reciben ayudas de la misma administración (el Ayuntamiento de Valencia) que oficialmente no los reconoce. Alguna sala lleva así desde hace 15 años, agrega.
La situación dio una vuelta de tuerca -a peor- en 2008, cuando el consistorio incluyó a los teatros en una normativa junto a discotecas y salas de fiesta, lo que implica, entre otras cosas, que no pueden estar en bajos de edificios de viviendas (la sala Off hubo de cerrar por ello). La modificación de esta ordenanza es una de las reivindicaciones de la FETI, además de que "se reconozca nuestro peso", subraya Lorenzo, porque "sin nuestras salas la exhibición sería triste". Según sus datos, reciben 15.000 espectadores al año y representan el 50% de la programación teatral. En la citada federación están Carme Teatre, Espacio Inestable, Teatro de Campanar, Teatro Circulo y Columna Teatre.
Creen que la crisis les afecta más ("es más fácil ahogar a una sala pequeña") y piden que se acabe con la precariedad en los cobros: que lleguen antes de marzo.