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HEMEROTECA » |
Venga, toas en pie, que os vamo cantá er cumpleaño. Farfulla Paz Padilla, que sustituye el viernes a Jorge Javier Vázquez en la edición de tarde de Sálvame. Veo también a la misma hora a una tipa rubia con ardor de bote que creo vive la vida como avatar de, por los clavos de Cristóbal, ¿pero no murió?, Rocío Jurado. Es Rosa Benito, una de las dos o tres pensadoras de cabecera de Telecinco que ya mismo, fusión mediante, se codeará en Cuatro con Iñaqui Gabilondo. La redicha ordinariez de esta señora no tiene límites. La pájara echa la tarde en el plató y le importa una mierda hablar de su cuñaaá, del nieto, o de su hija, una tal Chayo Mohedano, creo que dedicada a partes iguales a sus labores y a vocalista musical sin mucho arte, y escucho de refilón que algunas mañanas, como la madre, pero en la cadena del sopor, largando de la vida en Espejo público. Sé que esto es lo que hay, pero si la pregunta nos la hiciéramos a la vez un montón, seguro que la luz rebotaría por algún sitio y pondría a esta escoria intelectual en su sitio. ¿Qué claro del bosque social nos puede aclarar una menda cuyo currículo académico consiste en ser sobrina de, por los clavos de Cristóbal, ¿pero no murió?, La Más Grande? Dejémoslo ahí porque si tiramos del hilo llegamos a la horda de regalos que han recibido estos días los "creadores de opinión, los periodistas de Telemadrid que se han portado bien". ¿Se han portado bien en general, o tratando al PP, que paga el cargamento? En la sede central del partido están en todo, y por eso hasta le ahorran a doña Esperanza Aguirre, como jefa de la camada, los dinerillos del estipendio.
Oda a Rocío Jurado. La Más Grande. Ya saben de quién se trata, por mucho que la emperatriz Aguirre se lo crea de tanto escuchar su chiringuito ideológico, impensable en la televisión pública nacional, La Más Grande no es ella sino la cuñaaá de Rosa Benito, Rocío Jurado. Por los clavos de Cristóbal, ¿no murió? No para Telecinco, no para María Teresa Campos, a la que veo pendiente de la actualidad, de lo que la gente comenta, de la información de última hora, y por eso le dedica toda una tarde de sábado a la de Chipiona. Yo creo que tanto ella como los que forman el serrallo, el sitio donde se comenten graves desórdenes obscenos, según la RAE, están colgados y viven en una realidad paralela que la cadena les consiente aunque desde casa no se entienda muy bien, o sí, esa paranoica reunión de cadáveres. No se me ponga chula Maritere aduciendo que Joselito sigue vivo y también él es objeto de necropsia. Lo suyo es un CSI casposo sin chicha ni limoná. Me pregunto qué tendrá Raphael, si chicha o si limoná, o si los espectadores hemos hecho algún mal a TVE para que La 1 enferme de esa manera sometiéndonos a la pócima amarga de su estrambótica y, por ahora, irremediable presencia estos días. Y cada año igual. La otra noche, con el sarcasmo de una venganza macerada con mala leche, comprobé que este señor ya hacía especiales para televisión en 1970. Constaté el dato en La tele de tu vida, un 40 Principales del arcón de imágenes donde TVE guarda tesoros de mucha enjundia. Y allí estaba el artista, más delgado y más ágil, pero haciendo las cabriolas y requiebros de un personaje que nadie como él imita y parodia en una retroalimentación enfermiza. Por si faltara algo, Josema Yuste volvió a poner caritas de Raphael en el ¿Y ahora qué? de este año. Está claro, Raphael es el turrón podrido que siempre saca La 1.
La televisión en Nochebuena. Los de Cuatro, a falta de Raphael, sacan a Pablo Motos, que ogaño organizó, con sus infantiles necedades humorísticas, un Flashforward tan ajetreado que los langostinos con mayonesa casi me dejan, como decía la farfulladora Padilla sobre un programa que no podía perderse, quizá el suyo propio, jincao en el sofá. Yo creo que en Nochebuena no se ve la tele. Es una presencia, un zumbido, un artefacto, una luz que parpadea en un rincón. A nadie le importa en qué cadena está, y si alguien se aventura a coger el mando y cambiar de canal llegará a una conclusión, todo lo que se ve es lo mismo, televisión. No es una perogrullada, es la fatuidad aderezada con muchas serpentinas. Da igual que la mentada Padilla sea pareja de Joaquín Prat o que Antena 3, con su Raphael particular bajo el brazo, saque a Los Simpson para que correteen por la casa. ¿Quién ve televisión esa noche? Con atención, poca gente. La única cadena que se ha mantenido en estado de sensatez intuitiva ha sido La Sexta, que ha tenido el buen gusto de no alterarse y, mucho menos, llamar a José Luis Moreno como ha hecho Telecinco, y eso que la vuelta a las sobrecenas con Pepa y Avelino han sido de una indiferencia sólo comparable a la cansina payasada de ese mofletudo matrimonio que sigue jugueteando con la posibilidad de hacer el amor, pero rápido, antes de que te duermas, regurgitaba Pepa jincá en el sofá.
¿Dónde está Andreíta? Vaya tropa. No sabe uno si es peor esta farfolla o la que nos llega de la política, que está a un tris, si es que ya no lo es, de formar parte de la prensa del entretenimiento, término que le robo a mi pensador de cabecera, Jorge Jarvier, al que Andreíta, la hija sin rostro de Belén, empieza a hacerle sombra. Muchas gracias, dijo al recibir su madre el regalo de la productora tras la operación más famosa después de la operación del PP contra la corrupción, esta semana ya tiramos con la fruta. ¿Tirará el PP con su código ético como la Esteban con los melones para echar la semana sin que un Camps, como dramatizaban los de Arturo Valls, diga por lo bajini que le gustan los trajes sin tirantes porque él es más de correa? ¿Son los códigos éticos los fatuos confetis de la política? ¿Es María Antonia Iglesias, cuya vuelta a La noria anunció la cadena tras el pasmo de su corazón alterado como si volviera a la vida Carmen Ordóñez, la prueba de que la política es una rama desgajada del gran árbol de los pasatiempos? Dejémoslo ahí como deber de reflexión para compensar el empacho de estos días de alarmante gilipollez y grosera estulticia. ¿Vieron Dejadnos solos en la de Paolo Vasile? Una de niños encerrados con, por los clavos de Cristóbal, Paz Padilla, qué pesadilla. ¿Por qué no estaba Andreíta?
DISTINTO
La 1 ofreció esta semana un concierto de Alejandro Sanz. No aguanto estas cosas en la tele, quizá maleado por la recua de vocalistas de medio pelo salidos de las cochineras de OT. Lo que vimos fue distinto. El artista cantaba, pero me interesaron más los cortes del concierto para hablar con Ana Pastor, jugar con Íker Casillas, o liado en el villar con Dani Martín, y demostrando que tiene la cabeza en su sitio. No es fácil.
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