El 2009 lo voy a recordar como el año de Paul Auster (Newark, New Jersey, 3 de febrero de 1947). El escritor norteamericano se ha cruzado en mi camino casi todos los días de estos doce meses. El autor entró en casa como suelen hacerlo los literatos: en silencio. Con su invisibilidad, llena todas las estancias. Ha sido –y continuará siéndolo como no aparezca pronto alguien capaz de sustituirle- la presencia constante.
Para terminar el año, Izascun Sebastián, responsable del departamento de Comunicación y Prensa del Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León (Musac para los amigos), me informa de la presencia real de Auster en la capital leonesa, donde hoy recibirá en el Musac el Premio Leteo y participará a continuación en una mesa redonda con el público asistente, moderada por Agustín Pérez Rubio, director del centro museístico leonés, en la que participarán la escritora Siri Hustvedt (Northfield, Minnesota, 19 de febrero de 1955), esposa del premiado, y Rafael Saravia, en representación del Club Cultural Leteo. A lo largo de la jornada, bajo la coordinación de Óscar Curieses, se proyectarán algunos títulos cinematográficos en los que Auster ha colaborado, como guionista como director: como guionista Smoke, de Wayne Wang (1996), y como director La Vida Privada de Martin Frost (2008).
A diferencia del Príncipe de Asturias, que recibió en 2006, el galardón concedido por los miembros del Club Leteo carece de dotación económica. Supone –eso sí- un reconocimiento de escritores que inician su carrera hacia aquéllos que, a su entender, han contribuido de manera más decisiva a la renovación literaria en nuestro tiempo; en anteriores ediciones fueron galardonados Adonis, Martin Amis, Amélie Nothomb, Michel Houellebecq, Fernando Arrabal, Gonzalo Rojas, Belén Gopegui y Antonio Gamoneda.
«El talento como constructor de artefactos narrativos, los originales planteamientos que vertebran sus historias y el soberbio dominio de un lenguaje envolvente y seductor» son algunos de los méritos observados en la obra de Auster por el Club Leteo.
Lástima que León quede tan lejos (y que haga tanto frío), porque era una oportunidad de hacer visible a mi huésped invisible e Invisible ha sido el título de su última novela, editada en castellano por Anagrama y traducida por Benito Gómez Ibáñez, cuyo final no quisiera que me acaeciera: «Ese sonido vivirá siempre en mí. Durante el resto de mi vida, esté donde esté, haga lo que haga irá siempre conmigo». Y es que el sonido que, en silencio, genera el amigo invisible parece ser tan poderoso que incluso permanece después de cerrar su última novela.
RAFA.PRATS@telefonica.net