ALFONS GARCIA VALENCIA
Los problemas comenzaron en octubre pasado. Un agente de la Policía Local de Valencia se personó antes de una función, constató la inexistencia de licencia de apertura -algo común en la práctica totalidad de la escena independiente de la ciudad- y advirtió a los responsables del Teatro de Campanar sobre la que se les podía venir encima. Cancelaron las representaciones infantiles y mantuvieron -no sin dudas y temores- las de La señorita Julia, de Strindberg, que acababan de iniciar. Pero pasados unos meses, tras consultar a abogados y observar la situación del sector, los directores de la sala, Elma Sambeat y Jorge Affranchino, han decidido bajar la persiana definitivamente.
Lo harán el día 31 de este mes. Antes (del 8 al 24) repondrán otra obra del proyecto Strindberg, Parpariados (el encierro de la conciencia), basada en el texto Pariah. La entrada será gratuita, como despedida. La sala dirá adiós el último fin de semana del mes con dos conciertos del cuarteto de Elma Sambeat, que también canta jazz (el apellido le delata).
El temor a una multa de proporciones galácticas para una pequeña sala de teatro y las escasas posibilidades de éxito a la hora de intentar regulariza su situación han conducido a la decisión.
El cierre quieren verlo con optimismo. Como el inicio de una nueva etapa. La compañía continuará funcionando y el objetivo es encontrar otro espacio, fuera de la ciudad, en un ayuntamiento "más pequeño y sensible", afirma Sambeat. "Tal vez no nos concierna sólo a nosotros explicar al gran público la situación de la cultura valenciana y en especial del teatro independiente, que vive casi del aire y se sostiene con alambres", aseguran en un escrito de despedida. "Valencia tiene pendiente una lucha", remataba ayer a Levante-EMV Sambeat, quien confesaba algo de cansancio y falta de unidad en el mundo de la escena.
El Teatro de Campanar es una sala pequeña (para medio centenar de personas) habilitada en una casa de pueblo del ahora barrio de Valencia. Funcionaba desde 1993.
El cierre se produce sólo unos días después de que la Federación de Teatro Independiente (FETI) brindara en una fiesta por la nueva temporada, reivindicara la necesidad de estos espacios y reclamara cambios en la normativa para regularizar estas salas pequeñas, casi todas en la alegalidad.
La situación de estos teatros de Valencia se complicó aún más a partir de 2008 con una ordenanza municipal que los equipara a salas de fiesta y discotecas. Off Teatre cerró en 2009 por orden municipal; l'Altre Espai lo hizo después al perder la financiación de la Generalitat.