Daniel Monzón

«Cuando ruedo una película pienso como espectador»

Cineasta y director de «Celda 211». El primer recuerdo es «King Kong», la película que le condujo a una pasión que descubrió con siete años en un cine club del barrio de Abastos. Hoy, gracias a su cuarta película, tiene 16 nominaciones a los premios Goya. Es el fenómeno del cine español, aunque él continúe prefiriendo la intimidad que le da Valencia, la ciudad en la que se crió. Cree que el espectador nunca se equivoca y atribuye su éxito a la forma de narrar una historia que transmite emociones pese a la dureza del contexto.

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«Cuando ruedo una película pienso como espectador»
«Cuando ruedo una película pienso como espectador» fernando bustamante

LA GALERÍA DE J. R. SEGUÍ En este momento, y en plena vorágine de éxito, ¿se siente metido en la celda 211?
He llegado a sentirme dentro de una, pero ahora no. Al principio sí hubo un momento en que el éxito llegó a superarme. No esperaba tanta repercusión.
Al menos, es un precio a pagar agradable.
Sí lo es porque la película se ha vendido en todo el mundo. Pero es que soy una persona muy tranquila.
Si un director no piensa cuando rueda una película en alcanzar el éxito ¿por qué lo hace?
Porque no puedes evitarlo. En mi caso, el cine siempre ha sido una necesidad. Lo es desde que me llevó mi abuela a un cine club por la zona de Abastos y vi King Kong. Tendría siete años. Lo recuerdo como una epifanía, algo que me conmocionó.
¿King Kong fue lo que le llevó al cine?
Sí, sí. Me volví loco. Estuve obsesionado con aquella proyección mucho tiempo. Mi padre, que es muy cinéfilo, tiene una gran colección de libros. Así que me puse a buscar la foto de King Kong. Pero junto a aquella fotografía había de muchas más películas. Y yo me pasaba horas y horas pasando aquellas páginas y mirando las fotografías.
Eso se llama vocación y obsesión.
Sí, siempre quise dedicarme a esto. Como una obsesión y como una vocación. Cada vez que llego a un sitio o a una ciudad nueva y me cuentan algo de ella o veo un espacio lo valoro dentro de una historia cinematográfica. Por eso digo que llevo una doble vida: la familiar, con mi mujer y mi hija, y la que hace que mi cabeza piense en clave de cine.
¿Y de King Kong pasó a...?
A ver todas las películas que podía. A ver todas esa fotos que estaban en los libros de cine. Y Valencia, que es donde discurre mi adolescencia, era una ciudad fantástica para ver cine. Estaba llena de salas de doble sesión, de cine clubes...Mi padre alimentó al monstruo.
¿Después de verlo casi todo se quedaría en alguna etapa de la historia?
Trato de no quedarme estancado, aunque ahora cuando voy al cine compruebo que el cine tienen más de videoclip y pienso que me estoy haciendo mayor. (ríe) Lo que sí he comprobado es que, ante un cierto tipo de cine comercial, me siento algo desplazado.
Será porque piensa que el cine es algo más que entretenimiento o espectáculo. De hecho, sus películas tienen una mayor profundidad. «Celda 211» es una película donde subyacen muchas ideas.
Sí, detrás de la película hay toda una tragedia griega. El cine, como simple evasión y bien hecho me parece maravilloso. No he visto Avatar pero seguro que tendrá algo de eso. Pero el cine que yo intento hacer es aquel que atrape al espectador desde el principio y ofrezca un universo más personal, una mirada que puedas leer entre líneas.
Dice que dirige pensando en el espectador aunque no es la fórmula más habitual en su territorio.
Es que yo soy el primer espectador de mis películas. Cuando ruedo pienso como él.
¿Es también su primer crítico, aún habiendo ejercido la crítica?
Soy bastante crítico de por sí con lo que hago, pero procuro no fustigarme. Cuando ruedo intento tener una visión muy global. Un rodaje se parece mucho a esa secuencia inicial en la que Indiana Jones corre delante de una piedra que está a punto de aplastarle. Un rodaje es una carrera contra el tiempo. Con lo cual, apenas tienes tiempo para darle muchas más vueltas y, si lo haces, corres el riesgo de quedarte estancado.
¿Le cuesta verlas terminadas?
El director, al final, es el menos apropiado para saber lo que significa su película.
¿Entonces de quién se fía?
De la mirada del espectador. Escucho mucho y a todo el mundo, lo cual a veces puede llegar a ser angustioso porque incluso Celda 211 también tiene sus detractores.
No sé si se habrá planteado que el ritmo que lleva esta película le va a exigir una doble responsabilidad, le van a pedir más, le va a obligar a entrar en un circuito, le van a mirar con mayor detalle, serán más críticos con usted.
Es posible, pero ya sabe aquel dicho de que contra el vicio de pedir, la virtud de no dar. Cuando vi que la bola crecía llegué a la conclusión de que nada debía condicionarme y que lo que hiciera a continuación debía de estar condicionado sólo por lo me guste y me apasione, independientemente de lo que piensen los demás. Ahora estoy trabajando en una comedia negra que no tiene nada que ver con Celda 211. Si te dejas llevar por lo que crees que la gente querrá de ti estás perdido.
¿A qué atribuye el boom de Celda 211, cuál cree que es el secreto: su lenguaje, su forma narrativa, su guión...?
He asistido a bastantes proyecciones con público y he observado que la película atrapa al espectador desde la primera secuencia. Tiene una estructura de cine de género, es muy tensa y, por otro lado, cuenta una tragedia muy conmovedora. Es una historia de personajes que emocionan pese a su dureza. Pero sólo puedo decir que el éxito es una sorpresa y como decía William Goldman nadie sabe nada de nada.
¿Y usted, que va mucho a su aire, le apetece hacer pandilla en el cine español y ser uno de los suyos? Ya sabe cómo es de complicada, familiar y poderosa la industria.
Tengo buenos amigos en el cine y me siento cercano a mucha gente. Me relaciono bien con todos, pero no pertenezco a ningún clan, ni creo que lo haga nunca.
¿Qué es lo que no le gusta de la industria?
Más que de la industria, para lo único que me veo incapacitado es para la producción. ¿Y eso que dicen de que detrás de cada crítico hay un director frustrado?
Yo diría que en ciernes. Es normal que alguien que ama tanto el cine tenga ganas de hacer su película.
¿Y a qué atribuye que las películas españolas de mayor éxito en los últimos años hayan sido filmes que casi se salen de las narraciones convencionales, estoy pensando en la suya, en REC, Spanish movie, Fuga de cerebros...
Hoy el espectador ya no es sólo más joven sino que está abierto a otros lenguajes. En Celda 211 mi idea era contar la historia como una especie de documental, como un informativo, a fin de que el espectador se sintiera metido en medio del motín y tuviera una sensación casi física. Cada historia ha de ser contada con su lenguaje particular y un director debe de saber adaptarse.
Pero en realidad, las nuevas tecnologías están cambiando la mentalidad del espectador y su forma de mirar.
Sí, es cierto. El espectador está ahora muy acostumbrado a ver las pequeñas piezas de Youtube, a rodar sus propias películas con el móvil. Por eso se están modificando los lenguajes. Las películas de acción que actualmente interesan no son las de James Bond, sino las de Bourne que se parecen, en el fondo, a piezas de Youtube. Es como entrar en Internet, que es la cultura del azar, donde una imagen o una idea te lleva a otra.
Usted es un caso singular del cine español. Una fórmula excepcional. Pocos directores consiguen un pelotazo de tal magnitud. ¿Qué le falta al cine español para que se den más casos como el suyo?
Si miramos el volumen de películas buenas americanas que hay cada año para el número de rodajes que se realizan y miramos las buenas españolas, proporcionalmente no están las estadísticas tan alejadas. Cada año el cine español alumbra un pequeño puñado de obras muy interesantes. Si falta algo es que su público lo quiera más.
¿Es un problema de espectador?
No, no. El espectador siempre tiene razón. Lo que ocurre es que no sabemos implicar al espectador en nuestro cine.
¿Cree que el cine español tiene suficiente calidad para entusiasmar al espectador?
Estamos hablando de un puñado y ese puñado sí tiene calidad. Éxitos hay cada año. Lo que no es lógico es que de cien películas salgan cien extraordinarias pero esas cien se encargan de que técnicos y actores vivan y sobrevivan. Y eso ocurre en cada industria.
Ahora le habrán entrado ofertas de medio mundo.
Si, propuestas de todo tipo, películas de gran presupuesto, remakes, pero les sorprende que les diga que no, porque mi objetivo no es hacer cine en Estados Unidos sino aquello que me apetece. No quiero ser producto de un estudio y volver a hacer cosas que ya he hecho no me interesa. El simple hecho de hacer una película en América sin más no me interesa.
¿Los buenos guiones están en los libros?
Los buenos libros contienen gérmenes, pero no siempre. Lo que sí es verdad es que las ideas originales suelen estar escritas por gente que lee mucho.
¿Qué película le hubiera gustado rodar?
Sed de mal o Tiburón o El hombre que pudo reinar. Pero hay muchas más. Como también me hubiera gustado poder dirigir a Pepe Isbert. Es un tipo que me gana incluso en sus peores papeles, como Michael Caine. Es un actor que me entusiasma, desde su personalidad hasta su actitud frente al éxito.
¿Con qué Goya se conformaría?
Antes de tener 16 nominaciones ya me consideraba el Goya del planeta por la reacción de la gente. Pase lo que pase, el número de nominaciones ya es suficiente. A partir de ahí estoy feliz.
¿Y ahora me confiesa de verdad por qué quiso hacer esta película?
Me gustan los retos y para esta historia sólo contaba con los actores y la pericia de saber que en dos horas tenía que contar un motín que trascurre en treinta. Y porque a partir de elementos puros se trataba de hacer un ejercicio de cine.

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