Josep Vicent Miralles salta de los "Autoindefinits" al lado negro de la novela. No es nuevo en la literatura, se ha movido en la poesía y los relatos -logró un premio de la Institució Alfons el Magnànim-, pero dentro de los reducidos círculos del valenciano no normativo, el de la Real Acadèmia de Cultura Valenciana (RACV). Miralles recurre casi a la física para explicar esta decisión. "Una cuestión de balanza", dice, de poner peso en uno de los lados de la romana para que "el valenciano fuera cercano a la gente y no nos impusieran formas ajenas". Pero en sus palabras deja traslucir notas de frustración, de reconocimiento de que es una vía sin salida. Su discurso en defensa de las expresiones propias suena casi políticamente correcto, como el que firmaría un miembro de la Acadèmia Valenciana de la Llengua (AVL). "No la he escrito ahora en castellano por aquello de antes en español en catalán", responde entre risas. Está ajeno a posiciones "esencialistas", afirma, y si hoy llegara una propuesta de una editorial que use el valenciano oficial, no pondría pegas. a. g.valencia