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resentador de televisión, actor, escritor, humorista y médico. El Gran Wyoming regresa a sus inicios para retomar una de sus facetas preferidas: la de músico. Y lo hace acompañado de los jóvenes componentes del grupo Última Experiencia, que, junto a Wyoming, cambian su nombre por el de Los Insolventes.
El presentador y su banda regresaban a Valencia para deleitar a sus fans con adaptaciones de los grandes éxitos de la historia del rock, el pop y el blues. Pese a tratarse de un concierto de versiones, se agotaron las localidades gracias a la capacidad de convocatoria del humorista. Con media hora de retraso, Wyoming subía al escenario de la sala Matisse saludando a su público en inglés -debió pensar que toda estrella del rock que se precie debe expresarse en esa lengua-, un idioma que utilizó durante todo el concierto.
Temas como Por las noches, These boots are made for walking, No particular place to go, Agradecido y Dirty love, de Frank Zappa adaptado al castellano -recientemente la banda participó en unas jornadas sobre el músico en la Universitat de València- sonaron en la primera parte del concierto.
Según avanzaba la noche, Wyoming y los suyos iban respondiendo a las peticiones del público, pese a que en ocasiones reconocían que no sabían tocar el tema. "Ahora una que nos sepamos" fue la frase más repetida de la noche. Aun así, el presentador no tuvo reparos en inventarse algunas de las letras -como en Video killed the radio star-, algo que sus fans supieron perdonarle. La más solicitada de la noche, Maneras de vivir, provocó el éxtasis de un público con muchas ganas de fiesta.
Lo cierto es que los músicos demostraron estar a la altura, aunque no tanto la voz de Wyoming; pero su faceta de showman y el humor que le caracteriza le ayudaron a salvar los problemas de sonido en muchas ocasiones, provocando las risas de los espectadores.
Tras dos horas y media de concierto -la banda alargó su actuación debido a la buena reacción del público, desoyendo las órdenes del personal de la sala- el grupo abandonó el escenario de la mano de Lola, de The Kinks, pese a que tanto al público como a los músicos les quedaba cuerda para rato.