ROBERTO JIMÉNEZ VALLADOLID/EFE
Una exposición única y necesaria, en palabras de sus organizadores, tributa desde ayer en Valladolid un homenaje a una gavilla de mujeres pintoras y escultoras -entre ellas las dos hijas de Joaquín Sorolla- que entre los siglos XIX y XX labraron el camino hacia un arte sin sexos.
María Sorolla (1890-1956) y Helena Sorolla (1895-1975), hijas del célebre pintor valenciano, figuran en la nómina de Creadoras olvidadas, lema de la exposición, que podrá verse hasta el 8 de marzo.
La escritora Mercé Rodoreda (1908-1983) también engrosa el repertorio junto a Eva Preetsmann (1882-1959) o Manuela Ballester (1908-1994), compañera del valenciano Josep Renau.
La mayor parte de ellas, a la sombra de destacados creadores, "ocuparon siempre un discreto segundo plano, postergadas y silenciadas", pero "fueron pioneras, abrieron un camino": el de la igualdad de sexos en el arte, según la comisaria, Marisa Oropesa.
Ni ellas mismas se llegaron a plantear este papel, como María Sorolla, cuya afición y dedicación floreció entre 1906 y 1907, al recurrir a la pintura durante su convalecencia tuberculosa en El Pardo, explicó su nieta, Blanca Pons-Sorolla. "Pintaba poco y principalmente para buscar un remanso de paz, pero su rol era el de esposa y madre. El arte significaba para ella un modo de evasión, nunca la posibilidad de éxito y más con el prestigio que su padre y su marido (Pons Arnau) tenían", añadió. Como "buenos valencianos", dijo, los Sorolla "amaban las flores, los árboles y la naturaleza en general", plasmada en bodegones y jarrones. De Helena Sorolla se exhibe la cabeza de Nati, la gitana, cincelada en madera y de acusados rasgos costumbristas.
Por otra parte, la exposición de Joaquín Sorolla Visión de España alcanzará hoy los dos millones de visitantes en la Fundación Bancaja de Valencia.