Patrick Barlow ha sido el encargado de adaptar, en clave de comedia, la versión cinematográfica de Hitchcock Los 39 escalones (novela de John Buchan). Así, nos encontramos con la misma trama: la huida de un hombre acusado de un asesinato que no ha cometido y que es perseguido por la policía y por un grupo de espías; las mismas escenas: el tiroteo en el teatro, la huida del tren, el mitin políticoÉ; y los mismos personajes: Richard Hannay, Annabella Smith, el profesor Jordan, Mr. MemoryÉ Pero que adquieren una dimensión muy diferente a la versión original, pues son representadas, como decía, en tono cómico, y además, tan sólo por cuatro actores.
Ese es precisamente uno de los mayores atractivos del montaje. Que cuatro actores se reparten los 140 personajes (el número exacto lo han comentado los actores en prensa, pues en el programa de mano la sinopsis ha sido sustituida por un anuncio de cochesÉ) Quizá por ello la obra va de menos a más, pues si bien el comienzo tiene menos ritmo, a medida que los personajes van apareciendo el espectáculo es más divertido.
La mayor parte de ellos son interpretados por Diego Molero y un genial Gabino Diego, que a un ritmo vertiginoso cambian de rol sin despeinarse. El elenco lo completan Jorge de Juan y Beatriz Rico.
Lejos de ser escrupuloso y darle la mayor veracidad a la historia y a esos cambios frenéticos de personaje o de espacio, el director ha optado por hacer partícipe al público de los trucos que van a emplear los actores. Esto, además de crear complicidad, hace que la situación sea aún más grotesca y surrealista: estoy pensando en la escena de la ventana, la puerta que persigue al personaje, o la niebla que es solicitada por un actor.
Sin duda Bazo ha acertado al decantarse por esa dosis de "realidad", sembrando la carcajada en el patio de butacas.
Cabe destacar en este montaje la escenografía y el vestuario, que ayudan en gran medida a los actores en su transformación constante: una simple gorra hace que pensemos en un repartidor de periódicos; unas sillas y un volante, y tenemos un coche.
La obra demuestra que se pueden hacer malabares con imaginación y un buen elenco de actores.