El Café Mercedes Jazz, en la calle Sueca, se ha convertido en una de las referencias del escenario jazzístico valenciano en el tiempo que lleva funcionando. Es, de hecho, junto al inagotable Jimmy Glass, el local más activo de la ciudad. Cuenta con una sala de conciertos dedicada y separada del local de copas que, importante, tiene unas buenas condiciones acústicas. El escenario tiene un tamaño aceptable, con una disposición lógica e incluso dispone de un colín. Por la sala, que gestiona el contrabajista Mario Rossy, ya han pasado algunos artistas de calado. Sin ir más lejos, el pasado mes de noviembre Chano Domínguez se dejó caer por allí, antes de pasar por Nueva York para grabar un nuevo proyecto.
Este fin de semana ha sido el turno de Alberto Tarín. El ex de Seguridad Social lleva un par de décadas enfrascado en un experimento de fusión entre el reggae y el jazz que, por lo escuchado en su actuación del sábado, viaja bidireccionalmente. Se trata de tamizar standards del jazz, como East of the sun (and west of the moon)'Round midnight, con unas bases rítmicas y estéticas propias de la música rastafari, y, por otro lado, hacer jazz con temas clásicos del reggae. Súmese a este cóctel una buena cantidad de temas propios de Tarín, que, bien es sabido, es un prolífico compositor (muchos temas importantes de Seguridad Social salieron de su pluma). El resultado de este swingska, como lo definió el propio Tarín, es innegablemente divertido. En el par de pases (cortos) que ofrecieron el público se lo pasó de lo lindo, bailando y palmeando los ritmos caribeños de la banda. Sólo, opinablemente, se echó de menos algún pito que diera más cromatismo al grupo. Apuntamos al angoleño Rogelio Campas como descubrimiento, tanto como bajista como cantautor.