unca entenderé la mentalidad teatral de este país. Ionesco es probablemente el mejor autor que nos dio el siglo XX -que me perdonen Beckett, Brecht, Pinter o Miller-, y la celebración del centenario de su nacimiento (2009) ha pasado más desapercibido de la cuenta. De ahí el mérito de Tornaveu de decidirse por este montaje. Antes de hablar del mismo, habrá que seguir reconociendo el magisterio del autor, quien creó un arte escénico de vanguardia, pero conociendo al dedillo y no ignorando, como ocurre hoy a menudo, el teatro convencional. Vanguardia, y gran eficacia escénica, serían sus horizontes, aparte del mensaje incesante de alguien que redescubrió la ilógica del lenguaje y del mundo en general.
Las sillas es una imagen poética puesta en pie. La belleza y profundidad de esta imagen trasciende cualquier intento de interpretación simplista. Encontramos el tema de la incomunicabilidad, la inutilidad y el fracaso de la vida. No obstante, la obra va más allá de los desengaños de la vida, y está presente en las sillas vacías, la ausencia del emperador, de DiosÉ Ausencias rellenadas con un inmenso lirismo y una substancial sabiduría teatral.
La magnífica dirección de Joaquín Candeias ha ido a la raíz de la obra, y también a dar verdadera vida los personajes. No son farsescos, como muchas veces se ha interpretado al autor de origen rumano, sino personas radicalmente humanas. Sólo un punto de discusión (de la sana, de la que tanto falta en el mundo teatral actual), ya que su opción del final, la de una especie de sirena, da un punto poético añadido, pero no queda, creo, tan claro como la propuesta del sordomudo que pensó el autor para lanzar el gran mensaje de la experiencia de la vida. El acertado tono psicoanalítico del espacio escénico (M. Amenós), iluminación incluida (X. Olcina), ayuda a resaltar una vivencia extrañamente trágica, extrañamente cómica, y, ante todo, la dirección de actores: tanto Juli Cantó, como Cristina García, fulminan los personajes, los hacen suyos en sus vivencias, tonos y gestos. Fascinante Ionesco.