Mario Monreal
palau de la música de valencia
Mario Monreal (piano) y Orquestra de València. Director: Enrique García Asensio. Obras de Montesinos, Saint-Saëns y Chaikovski. 28 de enero.
El compositor Eduardo Montesinos, el pianista Mario Monreal y el director Enrique García Asensio fueron los tres músicos valencianos que, junto con la antigua Orquesta Municipal, protagonizaron la cuarta convocatoria del abono de invierno en el Palau. El éxito fue grande para todos: muy merecidamente.
Montesinos presentó la versión orquestal de su Tríptico Apocalíptico. No produce una sensación unitaria, sin duda debido al dispar origen creativo y temporal de sus tramos. Los tres, sin embargo, dan muestra del cabal dominio de una técnica compositiva que consigue a un tiempo resultar moderna y mantener a todos los espectadores en su asiento. No es discutible tampoco la crucial contribución a este efecto de una orquestación sumamente eficaz. Todo un primer número (Capricho) que funcionaría perfectamente como obra autónoma, la habilidad para mantener la claridad de unas líneas que se van complicando desde los solos de las maderas hasta el tutti en el segundo (Órbitas) y la stretta del final (Tocata) fueron los pasajes más celebrados por un público ante el que el autor salió a saludar tres veces.
Monreal abordó el Segundo concierto de Saint-Saëns con mucho más que técnica segura, esto es, sumándole una cálida joi de vivre que le vino muy bien a la obra. Destacó por su brillante chispa el Scherzo central, así como un Presto conclusivo más ajustado con la orquesta de lo que había resultado el Andante sostenuto inicial, de tempi algo inestables y en el clímax de cuyo desarrollo algunas líneas adolecieron de turbulencia. A los fuertes aplausos que se le tributaron el pianista saguntino correspondió con la Mazurca de Ernesto Lecuona.
García Asensio también hizo sus deberes con nota, aunque siempre con más precisión que poesía. Concretamente, en la Segunda sinfonía de Chaikovski primó las componentes rítmicas sobre unas expansiones excepcionalmente gozosas en este compositor. Salvo por algún detalle aislado como la enorme cola del tercer calderón de un final con tres cortes precisamente por breves innecesarios, todos los solistas y familias de la orquesta le respondieron con elevada competencia.