Las componentes del Cuarteto Vertavo hicieron honor sobrado a su definición como "cuatro amigas" que "llevan tocando más de 20 años" en el currículum facilitado a los asistentes a este concierto. La suya es una amistad ciertamente cualquier cosa salvo peligrosa, y el cuarto de siglo que en concreto hace que fundaron el grupo no la ha hecho sino tanto más provechosa. A partir de las estupendas experiencias previas que en Valencia hemos vivido con músicos nórdicos, la nacionalidad noruega constituía, además, un buen augurio felizmente cumplido.
El concepto interpretativo al que primordialmente se acogieron a lo largo de su actuación fue el de una delicadeza exquisita tanto en el trazo de las líneas gruesas como de las filigranas. En el cuarto del Opus 20 de Haydn moldearon una sutil obra de porcelana con un rango dinámico amplísimo por su extensión en lo mínimo, mientras el fortissimo perdía por lo menos una f, por ejemplo en la coda del Adagio. La elocuencia del violonchelo en la variación que en éste le corresponde y la exactitud con que se negociaron las síncopas en el Minueto fueron asombrosas.
Quizá por el cambio de sillas entre las violinistas, la versión de la Sonata a Kreutzer de Janacek que siguió aún causó mayor impacto. Aunque presente desde el principio, el horror de la tragedia doméstica descrita fue creciendo hasta ocuparlo todo, para finalmente diluirse en un patético desgarro emocional ante el fatal desenlace.
El camino recorrido en la primera parte se desanduvo de alguna manera en la segunda. Cuatro números de Por la senda cubierta de hierba, del mismo compositor checo, devolvió a los climas etéreos y las pinceladas tenues antes de un tercero del Opus 41 de Schumann también magistral de comienzo a fin. El sabio manejo del rubato en los movimientos impares (el tercero un prodigio de tensión mantenida sobre un tiempo suspendido) se equilibró en el Assai agitato desde el contraste con la claridad de la en ese sentido siempre peligrosa segunda variación y el lirismo que impregnó a la cuarta, por lo común tomada como pretexto para el exceso tremendista.
Un nuevo gran éxito en una programación de la Filarmónica hasta ahora abundante en ellos. Lástima, hay que decirlo una vez más, que sean tan pocos los que los están disfrutando.