Sinfónica de Bamberg
palau de la música de valencia
Antes de iniciarse este concierto se anunció por megafonía el fallecimiento de Mario Monreal, que sólo seis días antes había obtenido el que sería su último triunfo en la misma sala Iturbi. Para superar la conmoción no bastó desde luego el minuto de silencio guardado por todos los espectadores que llenaban el aforo puestos en pie.
Puestos a considerar su escucha como primer homenaje póstumo al pianista saguntino, la actuación con que la Sinfónica de Bamberg y su actual director titular, el inglés Jonathan Nott (Solihull, 1962), debutaron en el Palau estuvo a la altura del propósito. Especialmente en una versión de la Tercera de Bruckner profundamente impregnada del peculiar lenguaje de este compositor.
No fue factor menor para el logro de la excelencia interpretativa el ajuste entre la redacción escogida de la obra y la lectura ofrecida. La primera partitura presentada por Bruckner a Wagner (en 1873) se distingue de sus tres sucesoras (cinco si contamos las revisiones parciales) por la espontaneidad con que ahí se sienten dispuestos los inconfundibles bloques sonoros compactos y bruscos contrastes dinámicos. La eterna discusión sobre los tempi brucknerianos quedó de inmediato zanjada por Nott: al menos cuando se trata de la inspiración original y si se cuenta con una orquesta capaz de trazar las líneas internas con tanta claridad como la suya, el primer movimiento de esta sinfonía resiste perfectamente unas velocidades que, frente a los por otro lado excelsos remansos de Celibidache, no hacen sino enriquecer los enfoques posibles de este sinfonismo fundamental.
Con toda la orquesta sonando como un solo instrumento aunque en la que resulta inevitable destacar a los contrabajos, el director matizó con suma minuciosidad todas las inflexiones del Adagio y todas las síncopas del Scherzo. Incluso las autocitas cobraron sentido en el coherente contexto en que se las envolvió en un final adecuadamente convertido en compendio y extensión de todo lo anterior.
Es muy posible que al menos en parte por lo reciente de la triste noticia a que siguió, en el Idilio de Sigfrido no se había sabido apreciar el mismo grado de uniformidad en el sostenimiento de la tensión.